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martes, 11 de mayo de 2010

Madres mexicanas... Antes de ser madre, eres mujer


Un embarazo creará una vida pero transformará, cuando menos, dos más: las de la pareja que ahora serán madre y padre de quien está por nacer, y en esa medida marca un antes y un después que dura el resto de la vida.

Para las mujeres, sin embargo, el asunto puede ser un problema cuando hemos crecido con la idea de que algún día seremos la esposa de un marido y la madre de nuestros hijos, como si éstos fueran los valores o destinos únicos. Esperamos muchas veces completarnos con una media naranja o ser rescatadas por un príncipe azul. Jugamos con muñecas que comen, lloran, caminan y a las que aprendemos a alimentar, cuidar y vestir para algún día dejar de jugar y convertirnos de hecho, en lo que era una especie de curso propedéutico.

Sin darnos cuenta y sin reparar mucho en costumbres, tradiciones y roles de vida, estos juegos se convierten en obstáculos que no permiten plantear “la otra forma de vida” porque, justamente, nos fragmentan y nos hacen creer que algunas partes del todo que somos (como ser mamás) son más importantes que otras (como ser mujeres y/o licenciadas y/o pareja/ y/o familia) y que si no nos avocamos a ello estamos “defraudando” al mundo.

Pensemos. En realidad una mujer-madre que se viva sin el ánimo de seguir adelante porque ya sus hijos no la necesitan, seguramente nunca se atrevió a vivir su propia vida y vivió solamente la cara de mamá arrinconando la de la mujer en el olvido.

Como mujer, busca tu propia identidad y haz de los roles (madre, esposa, hija, hermana…) complementos de lo que en totalidad eres tú. No somos solo una parte y somos mucho más que la suma de las partes.

Ser una madre plena, requiere en primer lugar, ser una mujer, un individuo lo más completo, satisfecho y gozoso de sí que te sea posible y es, además, la mejor garantía de cambio, pues serás ejemplo para otras mujeres (tus hijas, tus hermanas y amigas) y también de los hombres (tus hijos que un día buscarán pareja), sobre cómo es posible vivir en armonía y con respeto hacia todos; empezando por ti.

viernes, 30 de abril de 2010

¡Recupera a la niña que tienes dentro!

En nuestros recuerdos siempre habrá un lugar al que podamos regresar y revivir momentos maravillosos y disfrutables.


Lo cotidiano y rutinario nos consume con tal velocidad que un buen día nos detenemos, volteamos hacia atrás y nos cae como balde de agua fría ver que han pasado años y años, que ya no somos las niñas que fuimos y que, de hecho, ahora son nuestros niños los que nos buscan a nosotras para jugar y vivir…

¿A qué jugabas de niña? ¿Cuáles eran tus sueños y tus ideales? ¿Puedes escuchar esa vocecita que te habla de que no deberías olvidarte de ti misma?

Viajemos en el tiempo para recordar y regocijarnos de aquellos momentos maravillosos. Al día a día agreguemos pequeños detalles de aquellos tiempos y reconozcamos en nosotras a esa niña que sigue dentro, esperando con paciencia el momento de hacerse presente en nuestra existencia, para revivir nuestros deseos; jugar, disfrutar y tomar la vida como una experiencia llena de luces y de colores que nos hagan sentir plenas y maravillosas.

Cierra los ojos para viajar a aquella infancia, sólo por el gusto de dedicarte unos minutos de todo tu día para ti y reencontrarte con la mujer extraordinaria que eres cuando vuelves a abrirlos, porque puedes verte con todos los logros que has conseguido y tienes en cuenta todos los que vienen. Porque eres ahora una mujer que va hacia donde quiere ir y toma sus propias decisiones; enfrentas tus errores y aprendes de ellos: igual que cuando eras niña, si te caes y te lastimas, lloras y duele, pero siempre te levantas.

Apapáchate y cuida de ti como lo harías con cualquier niña que estuviera a tu cuidado. No la abandones ni le mientas, no le des la espalda nunca y mírala siempre con todo el respeto que se merece. ¡Tú eres tu niña!

Si hoy, frente a tu mirada encuentras la de tus hijos, bríndales todo el amor y la confianza de que eres capaz. Que vean en ti la capacidad de salir adelante, lejos de un ambiente temeroso, resentido o agresivo. Dales el hogar libre de violencia que siempre has querido para ti misma y juega cuanto puedas con ellos. Disfruta su presencia y no permitas que la presión cotidiana gane la batalla y abra paso al mal humor, el enojo o la frustración. Ofréceles la seguridad de estar a su lado y también déjales saber lo importantes que son para ti. Tú eres responsable de que la otra forma de vivir: sin violencia, sea una realidad para ellos.

Disfruta de tu día, sigue siendo siempre la niña que sonríe para iluminar el cielo de quienes la rodean, y si en tus ojos una lágrima se asoma, déjala fluir, no la escondas ni la borres: siéntela y abrázate; pero asegúrate de recuperar rápidamente a la niña entusiasmada por la vida.

lunes, 26 de abril de 2010

Nuestros niños cambiando su mundo

Algunas veces tratamos de escudar nuestras acciones y cargamos a otros lo que en realidad es nuestra responsabilidad. Pensar que los niños o los jóvenes son el futuro y que en sus manos estarán los cambios que tanto anhelamos nosotros los adultos, es una forma de evadir la propia responsabilidad.


Si bien es cierto que los niños demuestran mayor ilusión para construir un mundo mejor, somos nosotros los adultos quienes los estamos educando y quienes les proveemos de la seguridad o de la apatía que reflejen -y de hecho vivan- al crecer y convertirse en los adultos del mañana.

Papás y mamás que agreden, abandonan o son indiferentes con sus hijos, sobreprotectores, permisivos o sumisos, transmiten sus miedos y, de igual forma, la angustia ante la vida y la falta de compromiso consigo mismos y con los demás, generándose así un círculo perverso muy difícil de romper.

En un hogar donde la agresión y la violencia son los estímulos que rodean a la familia, podemos asegurar que se desarrollarán también el miedo y el ataque como formas de interacción a futuro. Pero ahí, donde el respeto y la responsabilidad son raíces, se pueden establecer generaciones de jóvenes que crezcan con la convicción de que una vida libre de violencia sí es posible.

Para que nuestros niños logren cambiar su mundo, tenemos que ser nosotros un ejemplo a seguir, impidiendo que situaciones como la intimidación y la trasgresión de valores sean una constante. La violencia doméstica no es un escenario que pueda verse como algo normal, no debe estar presente y mucho menos ser un modelo en la vida de los niños.

Ser parte de una sociedad libre de violencia empieza por cada uno de nosotros y se expande hacia todos los que nos rodean. Demos a nuestros niños la oportunidad de reconocer en sus mayores, personas en las que puedan confiar y creer, para que, entonces sí, lleguen a ser los hombres y mujeres que, igual que nosotros, sigan cambiando al mundo.

martes, 13 de abril de 2010

Hereda respeto... Rompe patrones de crianza

Quizá una de las tareas más difíciles que nos toca realizar en la vida sea la de criar y educar a nuestros hijos. La mayor parte de la educación, se hace de una forma intuitiva partiendo de los modelos y esquemas que cada uno obtuvo de sus padres y familiares en general; sucede en el día a día, sin pensar mucho en algunos detalles que en realidad son fundamentales.


La educación basada en los roles de género (lo que te toca hacer por ser niño o niña) es, en principio, un patrón que se aplica generación tras generación a prácticamente todos.

Hoy, la realidad nos enfrenta a situaciones de vida en que los nuevos roles ya no se acoplan a los patrones anteriores. Por ejemplo, la idea de actividad de uno y pasividad de la otra ya no es aplicable. Poco a poco el rol de la mujer se ha establecido hacia la igualdad en cuanto a la actividad, económica, social y política, entre muchas otras, y estos cambios logrados (no con facilidad, por cierto) representan también cambios en el desarrollo de su papel en pareja y en familia.

Del mismo modo, para los hombres hoy en día, la idea de su propio papel a desarrollar se ha visto modificada y puede no resultar tan clara. La expresión de este conflicto puede llevar a un tipo de agresión que nace de la inseguridad y del desconocimiento sobre el nuevo rol como pareja y/o padre.

Romper con los patrones de crianza nos lleva a replantearnos una vida a través de los valores de igualdad, respeto y responsabilidad aplicados dentro del ambiente familiar, donde las tareas se compartan y se disfrute de la comunicación.

Trabajemos por un ambiente en el que hablar, discutir, establecer límites y negociar sean las tareas cotidianas en las que todos y cada uno se esfuercen por mantener.

Puede resultar cómodo seguir educando como fuimos educados, desde el control, la amenaza, el miedo o el autoritarismo puro: “por que lo digo yo”. Y escudarnos diciendo que gracias a como fuimos educados “hemos logrado ser lo que somos”, pero siempre es posible mejorar. Siempre será posible la otra forma de vida en la que no sea cuestión de ejercer el poder sobre los otros sino cultivar la seguridad y el crecimiento de todos en una vida sin violencia.

miércoles, 7 de abril de 2010

¿Por qué siempre a mí?... Rompe patrones

Hay personas que piensan que para cambiar hace falta valor o, peor aún, hay quienes piensan que ante la fuerza de la costumbre poco se puede hacer. Sin embargo, una vida sin violencia no es cuestión ni de valor ni de costumbre.


Una de las razones por las cuales se viven relaciones agresivas y violentas puede tener su origen en rincones lejanos a tu conciencia y es necesario que eches un vistazo a tu propia historia.

Durante tu infancia, son múltiples los escenarios, como el hogar y la escuela, en los que se viven situaciones de control excesivo, pasividad o agresión y estos elementos se convierten, a lo largo de la vida en patrones, moldes que van dando forma a tus relaciones posteriores con otras personas. Estos patrones, hacen que de alguna manera encuentres justo a aquellas personas que se asemejan en su trato y en su conducta a aquellos modelos originales con los que te relacionabas.

Cabe mencionar que la descripción anterior no es una regla o un requisito indispensable para que se establezcan relaciones de violencia pero, si en más de dos ocasiones te has preguntado ¿Por qué siempre a mí?, ¿a caso todos los hombres son iguales? o, ¿por qué me tengo yo que encontrar a todos los malvados? es entonces momento de analizarte a ti misma para encontrar la raíz de tus elecciones. Nada habrá que te impida cambiar el modelo.

¿Cómo se le hace?

Ubica aquello que quieres en tu vida y en tus relaciones con los demás; actúa de manera diferente para generar cambios a tu alrededor; mejora la visión que tienes de ti misma dándote el valor que mereces y sobre todo teniendo en ti misma la confianza y la seguridad de que mereces otra forma de vida. Poco a poco, conforme trabajes en ti, verás con enorme orgullo que a tu alrededor hay otro tipo de gente; que sí existe, que es real y que no es solo parte de tu imaginación como también es cierto que una vida libre de violencia, tranquila y feliz, también es posible.

Hay muchas personas en torno a ti que estarán siempre dispuestas a ayudarte yen quienes podrás apoyarte siempre que sea necesario.

Tú eres como un imán y podrás atraer hacia ti todo lo que desees.

Piensa en todo lo que podrás lograr si, en lugar de buscar de acuerdo a un patrón establecido sin tu decisión consciente, favoreces circunstancias en las que tú verdaderamente quieres estar. ¡Estoy segura que te vas a sorprender!

lunes, 29 de marzo de 2010

Mira al horizonte... ¡Siempre hacia adelante!

Tus manos son la ternura que acaricia al viejo y al recién nacido; tu voz acompaña en la distancia a quienes en su viaje extrañan el hogar y tus ideas son fuente inagotable de creación.


Sembrando en la tierra o en el hogar cosechas futuro, tus manos son el signo más claro de tu esfuerzo, con ellas das realidad a los sueños de muchos. El dolor de los otros jamás te es indiferente, pero eres capaz de ignorar el tuyo y, convertiéndolo en impulso, logras día a día, dar pasos más allá de lo que tú misma eres capaz de imaginar.

No eres la mitad de nadie y no necesitas que alguien te reconozca para sentirte bien, por el contrario, cada noche cuando el silencio y el cansancio se apoderan de tu espacio, todo lo que lograste se queda en las experiencias de todos los que te rodean enriqueciendo su vida.

Tu fuente de inspiración es inagotable cuando buscas en ti misma las respuestas a los retos cotidianos y en tu mirada son otros quienes encuentran el apoyo, el ánimo y la confianza que buscan cuando en ellos decaen.

En la familia, en el trabajo, en la calle y en el campo somos mucho más que una imagen o un esquema, somos cimientos que apoyan estructuras sociales, familiares, institucionales y empresariales; trabajadoras, emprendedoras, líderes, y promotoras, funcionarias; estrategas, fuertes, valientes y decididas, siempre parte fundamental de nuestro entorno y de los cambios que en él generamos. Con nuestras palabras o nuestras acciones el mundo se mueve y el brillo que en él percibamos depende únicamente de nuestra propia mirada.

Con la frente en alto y la mirada orgullosa camina siempre de frente hacia el horizonte; voltea hacia atrás para recordar de dónde vienes pero no permitas nunca que tu camino retorne hacia el dolor o el sufrimiento que hayas dejado atrás. Cuando te das la oportunidad de crecer el pasado es solamente un recuerdo del cual tomas en cuenta los errores para no repetirlos pero nunca te quedes ahí por seguro que parezca. De tu esfuerzo dependes tú y así también, de tu vida eres responsable. ¡Continúa siempre adelante!

Cada paso que das hacia tus metas es parte de la construcción de este mundo que no puede imaginarse sin mujeres produciendo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Crece, descúbrete... ¡Florece!

Tú, como una flor, habrás de encontrar el mejor momento (tal vez el menos esperado o el menos pensado) para abrirte ante ti misma y sentirte orgullosa de ser quien eres.


Crecer puede resultar una experiencia dolorosa pero la grandeza que reflejes iluminará tu vida y la de aquellos que te rodean.

Dale a tu vida la oportunidad de no depender de nadie más que de ti misma. Piensa en ti como la mujer que quieres ser. Ubica lo que te hace falta, trabaja por construir cada día un poco más de ese proyecto. Haz del miedo el motor de impulso y no un ancla que te detenga.

Escoge los colores con los que quieres brillar y déjate admirar por los demás: siempre habrá una idea que puedas mejorar, una experiencia que quieras repetir, un ejemplo que puedas seguir.

El mundo no es color de rosa ni perfecto, pero está en ti que aquello que puede nublar tus días no los obscurezca permanentemente. Deja que los recuerdos poco agradables sean sólo eso: recuerdos, no los cargues como lápidas en tu espalda; el tiempo te ayudará a alejarlos pero tu voluntad para no vencerte por lo que has vivido debe ser más poderosa.

Parásitos y gusanitos siempre rondan los más hermosos jardines pero no dejes que tus problemas se conviertan en plagas que terminen con tu belleza interior.

Así como siembras y cuidas un jardín, debes ser responsable de ti, cuidarte y respetarte; poner límites que aseguren tu crecimiento y te cuiden de las amenazas externas; proporcionarte los mejores alimentos para tu alma, tu cuerpo y tu vida.

Florecer es cuestión de tiempo, cuidado y paciencia. Florecerás tanto como te lo permitas y tu vida tomará la forma que tú decidas. Los obstáculos son una opción: tú los retiras o los permites.

viernes, 12 de marzo de 2010

Ser mujer: Evolución

Cuando en el vientre de una madre se está gestando una nueva vida, las ideas preconcebidas acerca de lo que esa criatura llegará a ser son, por supuesto, infinitas.


Es el caso, que una madre no sólo piensa en que tendrá una hija, imagina además, una serie de escenarios e identidades, construyendo desde ese momento un significado específico de ser mujer, que desde su experiencia, sus propios deseos, necesidades y hasta frustraciones le transmitirá a su hija a lo largo de toda la vida.

Crecer es un proceso continuo de transformación; crecer mujer, es además, un proceso que implicará enfrentarse a patrones familiares y culturales que le señalarán, la mayoría de las veces, un determinado camino a seguir.

Los procesos no se detienen y la transformación que implican también llevan, a la nueva mujer, a confrontar estos esquemas con sus propias ideas, necesidades y sueños para así evolucionar generación tras generación.

Tú y yo llevamos en nuestra propia historia las de aquellas mujeres que antes de nosotras sufrieron y gozaron; heredamos su fuerza y tenemos la enorme fortuna de poder cambiar muchas cosas que ellas tal vez no podían siquiera pensar.

Hoy, la conciencia de ser mujer ya no está sostenida fundamentalmente por lo que otros establecen, sino por lo que tú te planteas. Tu límite es tu propia imaginación y tu valor no es el que otros determinan.

Soltar lazos, cambiar patrones o romper esquemas que inmovilizan o frenan, no es un proceso sencillo, pero siempre será mejor arriesgarte a vivir tu propia vida que vivir la que no te pertenece y de la que te arrepientas por no haber intentado la otra forma de vivir.

viernes, 5 de marzo de 2010

Ser Mujer, privilegio y lucha


Nacer mujer es una investidura difícil de describir. Se vive, se siente y a veces se sufre aunque otras muchas también enorgullece.


En los detalles se nos puede ir la vida creando historias a partir de ellos, imaginando, pensando y adivinando. Llevamos, muchas de nosotras, la consigna social, familiar o personal de dar vida y cuidar de los otros y en esa faena se suele perder de vista el cuidado propio.

Hoy transformamos visiones, abrimos caminos que serán más fáciles de transitar para las generaciones de mujeres que vienen tras de nosotras.

La labor no es fácil, más veces de las que quisiéramos reconocer, nos topamos con creencias o costumbres que retrasan nuestros proyectos, pero no por ello nos damos por vencidas.

Somos mucho más que un cuerpo, llevamos la fuerza de miles de mujeres que han dado su vida por conseguir sus sueños, la templanza que el dolor superado deja como aprendizaje, la ternura que mueve montañas, la palabra de alivio que acaricia para sanar y el sudor de la frente como señal de un cansancio que no nos atrevemos a gritar. Todo esto nos hace capaces de defender lo que amamos y de construirnos una identidad propia, una identidad que cada una escoge y matiza.

Nuestra fragilidad es la misma del acero que sostiene puentes, nuestro límite es el del aire, el valor es nuestro y el dolor lo compartimos.

Estamos ahí donde quiera que una mirada busque consuelo, ahí donde una mano necesite apoyo. Somos unos ojos que miran hacia el horizonte y vislumbran un mundo sin violencia, sin discriminación, sin dolores provocados por la ignorancia.

Ser mujer es un privilegio y defenderlo es una lucha que vale la pena mantener frente a cualquiera.

La mujer que sonríe ilumina su entorno y su hogar.

viernes, 26 de febrero de 2010

Autonomía... No te escondas detrás del "no puedo"

Decidirte por una forma de ser o de actuar te obliga a renunciar a otra. Responsabilizarte de ti y de tu vida implica que nadie más responderá por las consecuencias de tus actos o por la pasividad/impulsividad de tus acciones.

Ojalá siempre fuera tan claro y la autonomía de las personas dependiera únicamente de cada uno. Sin embargo, en la realidad aparece la interacción con otros. Podemos pensar muy claramente que nuestro objetivo en la vida es uno pero nos encontramos haciendo exactamente lo contrario, siguiendo las voces de otros porque parecen sonar más fuerte.

Amar no significa entregarle nuestra vida a otra persona para que nos haga felices. Cuando así lo hacemos el resultado es el opuesto pes amar no significa aceptar lo que en apariencia se percibe como un “deber ser".

En nuestro esquema, debemos reelaborar aquello que entendimos erróneamente como amor pues el amor no duele ni castiga, no enferma ni condiciona, tampoco excluye, ofende o traiciona. No es egoísmo, no es negligencia, no es hostilidad. El problema es que cuando eso es lo que se ha recibido a lo largo de una vida, es difícil reconocer en otras formas el amor; algo que no conocemos es imposible de nombrar y, más aún, de construir.

Amarte es una necesidad que debes cubrir igual que la de comer o la de dormir. Nadie puede comer por ti o dormir por ti. Por lo tanto tampoco nadie puede amarte en tu lugar. En tu libertad respondes por ti y amas al otro por lo que es.

Dos pensamientos opuestos no pueden suceder al mismo tiempo. Aprovecha esta ventaja para que cada vez que te encuentres pensando en lo que te entristece, deprime o enoja, de inmediato busques un momento o un recuerdo en el que fuiste feliz, te enorgulleciste por algo o solucionaste algún problema. Analiza aquellas acciones que realizaste en función de lograr cosas y trata de repetirlas.

No te escondas detrás del “no puedo”, “es imposible” o “no es mi culpa”. Éstas son frases que te detienen y que, generalmente, te encadenan a otras personas para no enfrentarte a la oportunidad de crecer y ser TÚ MISMA. Pon en tus manos lo que necesitas y suelta lo que no te corresponde cargar: las historias, ideas, creencias o expectativas de otras personas.

viernes, 19 de febrero de 2010

¡Enamórate de ti!

Hoy es un día perfecto para alcanzar uno de esos sueños que parecen imposibles: volver a nacer. Verás que no es tan fácil como suena pero no por ello deja de ser posible. Estoy convencida de que tú y muchas otras mujeres que desean una vida plena y tranquila pueden lograrlo igual que todas aquellas que hoy cuentan parte de su vida como una historia (triste) pero lejana en el pasado y no como una realidad cotidiana.


Pero seamos ambiciosas, ¿qué tal si además de volver a nacer, también te das la oportunidad de amar a alguien?

Piensa que hoy es el día de tu nuevo nacimiento, abres los ojos y miras con extraordinaria sorpresa todo lo que te rodea; en tu cara, la expresión es la de una niña pequeña cuando descubre la magia de la vida y de la naturaleza. Todos los colores, las formas, las texturas y los olores son hermosos. Desde hoy, absolutamente todo lo que conoces, te es tan extraño como fascinante; respiras un ambiente distinto, observas el mundo con una mirada satisfecha y reconfortante.

Sentirás la curiosidad por descubrir todo lo que hay en este nuevo mundo que te rodea y, cuando estés dispuesta a comenzar tu nueva vida y darte todas las nuevas oportunidades que mereces y deseas, descubrirás a una persona cuyo rostro se antojará familiar pero irreconocible. Poco a poco esa persona que te inquieta con tan solo verla (pues te emociona y te acelera el pulso), establecerá un diálogo agradable y respetuoso contigo y se convertirá en tu guía y acompañante en esta nueva experiencia.

Esta persona es maravillosa, fácilmente podrás enamorarte y, cuando esto suceda, nunca más podrán separarse. Su poder sobre ti será como magia que transforma y, cuando en momentos parezcas darte por vencida, vendrá a tu encuentro para inyectarte ilusión y valentía.

Como si no supieras leer o hablar, te enseñará un lenguaje diferente al que hayas conocido antes de hoy: palabras que logren motivarte y darte fuerza, hacerte sentir única e irrepetible. Nunca te hará daño ni tratará de humillarte, no intentará burlarse de ti y tampoco va a competir contigo; crecerá junto contigo. Pero lo más importante es que cuidará de ti como nadie más lo hará. No permitirá que nadie te haga daño y si en algún momento sucediera, estará ahí para darte ánimo, apoyarte e impulsarte para que no te detengas y sigas siempre el camino hacia adelante.

En esta relación no habrá temor al abandono, no habrá heridas que cubrir o que sanar. Te ayudará a dirigir tu vida hacia donde tú quieres que vaya. Desde los primeros momentos, tomará tu vida en sus manos y dependerás absolutamente de sus decisiones; afrontarás las consecuencias de sus actos y le amarás con todo tu ser porque serás correspondida. La gente a tu alrededor notará de inmediato que algo nuevo hay en tu vida y será difícil esconder tus sentimientos.

Hoy, cuando te decidas a nacer, te vas a preparar para el gran encuentro. Abrirás tus ojos para verte en el espejo: tu piel, tus pies, tus manos y tu cabello; te arreglarás para ese encuentro maravilloso, escoge tus mejores prendas, las que te hagan sentir cómoda pero atractiva, sencilla pero elegante. Arregla tu cabello para lucirlo en su esplendor. Maquilla tus ojos, no para esconder la tristeza (recuerda que es tu nacimiento), sino para resaltar su entusiasmo y enmarcarlos como ventanas de tu alma. Ahora parece que de verdad has vuelto a nacer el amor te transforma y te hace brillar. ¡Estás irreconocible!

Y, por cierto, ya que tienes el espejo a la mano, acércate un poco más y observa con cuidado, ahí justo frente a ti ¿le has visto? ¡Por supuesto! ¡Eres tú! Esa persona de quien habrás de enamorarte en tu nueva vida eres tú. Por eso puedes volver a nacer y darte la oportunidad de vivir una nueva vida y ser la persona de quien querrás enamorarte desde hoy y para siempre.

viernes, 12 de febrero de 2010

Codependencia: Reconócela y evítala

Con mucha seguridad has escuchado una o varias historias sobre mujeres que viven relaciones destructivas, es decir, relaciones de pareja en las que es constante y evidente que la agresión (sea ésta física, psicológica, económica, sexual o cualquiera de sus combinaciones), es la característica principal. También, con mucha seguridad, al saber que esa mujer hace poco o nada por salir de tal situación, tu reacción al respecto ha sido de enojo y enfado ante lo que parece una estupidez o una conducta inexplicable.


Lo que explica este tipo de relaciones y la incapacidad para salir de ellas es un proceso que se conoce como codependencia, y generalmente se vive en situaciones en las que existe una relación con familiares adictos al alcohol o a alguna otra sustancia tóxica y que se convierte en algo así como el pegamento que une pedazos rotos o, como en estos casos, a personas con graves deficiencias emocionales. Lo terrible es que es tan eficiente que al momento en que una se completa a partir de la enfermedad de la otra sólo se disuelve después de muchísimo dolor y desafortunadamente no sucede así en la mayoría de los casos; y en otros, cuando se logra la separación, no existe la seguridad de no volver a establecer relaciones destructivas aún con personas diferentes.

Quienes se relacionan de esta manera pueden estar repitiendo patrones aprendidos desde su propia familia en que la falta de atención, la propia disfuncionalidad o el abandono fueron las características con las que se creció. También existe la posibilidad de que, sin contar con historias previas de disfunción familiar, una mujer con baja autoestima y poca valoración de sus capacidades se establezca con un hombre que en principio se haga cargo de ella como quien viene a rescatarla de su mala fortuna; pero que al paso del tiempo (y por sus propias deficiencias emocionales), tampoco establecerá con ella una relación de crecimiento sino una en la que refuerce sus propias necesidades y carencias respecto a ser capaz de poseer algo (tal cual, como un objeto), siendo el hombre macho y fuerte que de este modo se valida frente a sí mismo y a los demás.

Una relación de codependencia prácticamente nunca se resuelve favorablemente mientras no se esté en posibilidades de reconocerla. Saber si te encuentras en una relación así no es tan difícil; pon atención a los siguientes enunciados y evalúa: 1) si estás en una relación en la que no te sientes plenamente contenta; 2) si la ausencia de tu pareja te pone verdaderamente triste o incluso, el solo hecho de pensar en separarse te desmorona; 3) si los celos y la constante vigilancia son características visibles en tu relación 4) si hay una necesidad constante de ser vista, aprobada o valorada por tu pareja; 5) si hay un sentimiento de tristeza y desesperanza porque las cosas no cambian entre ustedes; 6) si crees que tú podrás cambiarlo, él te ha prometido en más de dos ocasiones que así será, no ha cumplido y tú tampoco has mantenido el límite que previamente habías marcado. Piénsalo: si él dice “Te juro que no lo vuelvo a hacer” pero sigue ocurriendo ¿la responsabilidad es suya o de quien le sigue abriendo el espacio para que no cambie? (tú en este caso).

Identificar más de una de estas características como propia de tu relación, indica que puedes estar o, de hecho, estás envuelta en una relación de codependencia que se puede volver destructiva: reconócelo y evítala.

viernes, 5 de febrero de 2010

Construye Relaciones de Crecimiento

Las relaciones que establecemos nos construyen, dibujan y enriquecen mucho más que cualquier otra situación de vida que atravesemos. En mayor o menor medida, todas las personas con quienes nos relacionamos dejan parte de su vida en nosotros y, por qué no admitirlo, las atesoramos como si fueran de nuestra propiedad.


Una frase, un gesto, una expresión o una canción, se convierten en disparadores de emociones que envuelven nuestro cuerpo y nuestra sonrisa con momentos extraordinarios de alegría y fascinación y si en ello no hay problema éste empieza cuando nos es imposible asumirnos en soledad y aparece el gran y terrible miedo que nos orilla a establecer relaciones superficiales o dañinas con tal de no estar solas. Misma razón que mantiene a ciertas parejas (tan disparejas como agua y aceite), sin que se decidan a librarse del suplicio pues aún cuando sean más largos los períodos en los que la pasan verdaderamente mal, los instantes amorosos o dulces apaciguan el miedo y negocian todo con tal de evitar el “malestar de la soledad”.

Cada una de las etiquetas que ponemos a otros (como “eres mi vida entera”, la luz de mis ojos”, “mi sol de verano”, “mi noche de estrellas” o “la tibieza de mi piel”) hablan de la representación y peso en toneladas que le damos a las personas y la importancia elevada casi a todopoderosa que les concedemos en función de nuestro supuesto bienestar.

Sin embargo, una relación de amigos, “free”, “amigovios”, pareja, novios, esposos -o cualquiera de los nombres que hoy se le pueden adjudicar a la relación entre dos personas- mientras más dependiente, posesiva y limitante sea, más alejada estará de lo que quisiéramos vivir como una BUENA relación. Nuestra vida es invaluable y como tal debemos protegerla. Depositarla en manos de otra persona es como abrir la puerta de casa a un ladrón o entregar por voluntad propia a un despiadado destructor un cristal y hasta ponerle dedicatoria: “Tuya por siempre”.

Para establecer una buena relación con alguien más es indispensable haber formulado primero nuestras prioridades y nuestros deseos con respecto a un proyecto de vida. Imagina por un momento que alguien deposita en ti la responsabilidad de su bienestar, su felicidad, su integridad o incluso su vida. Ahora piensa en ese evento al que tienes una única oportunidad de asistir pero que la otra persona no puede acompañarte y prefiere (incluso te convence de) que se queden en casa porque tú eres lo único que le interesa en la vida; piensa en los cafecitos que tendrás que cancelar y recuerda que si no estás a su lado le invaden la tristeza o los celos porque no está siendo el centro de tu vida. Poco a poco esta relación se va convirtiendo en una película que más se acerca al terror que al romance.

Así como tú no podrías llevar a cuestas la vida de otros, nadie será capaz de llevar la tuya.

Establecerse en una relación de pareja implica precisamente que ambos construyan a favor de los dos. El crecimiento es cuestión de los individuos. Qué mejor que pensar en que a la felicidad que tú has construido con tu vida se sume otra vida plena. Siendo el caso que ninguna es opacada por la otra, a tu bienestar seguirá uno mejor pero si no hay otra persona tampoco hay dolor ni soledad ni tristeza porque tú estás bien con, sin y a pesar de los demás. Tu responsabilidad con el otro implica el cuidado que tengas de no hacerle daño, de respetarle como persona y como individuo independiente de ti y es exactamente lo mismo que debes esperar de cualquiera a tu alrededor. No importa si es tu padre, tu hermano, tu amigo o tu vecina, el respeto será siempre la mejor amalgama para establecerse en relaciones de crecimiento y no en relaciones destructivas.

viernes, 29 de enero de 2010

La voz de una...

Escucharás muchas voces que te cuenten historias de vidas que han dejado atrás; historias de dolor, humillaciones, amargura y vergüenza. Abre tus oídos y escucha la voz de todas las mujeres cuya vida ha cambiado y hoy son parte de la otra forma de vivir.


Adriana ha comenzado su segundo matrimonio y vive hoy una historia sin violencia y sin agresiones; feliz, confiada y en plenitud, pero no siempre fue así. Durante más de ocho años su vida fue como una pesadilla interminable y, cuando despertaba de sus sueños intranquilos, sus ojos se abrían sin más brillo que el de las lágrimas. Deseaba en esos momentos que se cerraran más rápido que pronto y evitar así, un episodio más de tristeza y desamparo. Sus días transcurrían entre los intentos por evadir su realidad y los dolores del cuerpo y del alma ocasionados por Miguel, su ex esposo.

Para Adriana no fue fácil buscar soluciones. Había momentos en los que parecía preferir quedarse al lado del causante de su desdicha. Todo con tal de no quedarse sola, pues consideraba que sería incapaz de hacerse cargo de sí misma y, bien que mal, siempre había sobrevivido hasta las peores peleas. Ella pensaba que Miguel cambiaría por que él así se lo prometía, cada vez con más fuerza -comparable a la misma utilizada en el último golpe o en el último grito-.

La información que Adriana escuchaba o leía sobre violencia doméstica –aparentemente- no la registraba, incluso ella misma llegó a informar a una sobrina sobre los lugares que ofrecen ayuda y atención a víctimas de violencia doméstica pero, si alguna amiga intentaba que Adriana se diera cuenta de las semejanzas con su propia historia, ella solía responder que no era así, que a ella nunca la habían tenido que llevar a un hospital o nunca había terminado con un hueso roto.

Al paso de esos ocho años, Adriana fue tomando conciencia del peligro al que se enfrentaba día a día, ya fuera por el apoyo que Leticia, su mejor amiga y Sofía, su hermana le dieron o, por la necesidad de ponerse a salvo, una especie de fuerza interna iba anidando en su interior hasta que, un día -el menos pensado- decidió ponerse a salvo. Buscó a las personas adecuadas y se informó de todo aquello que debería hacer para proceder y denunciar el maltrato, recuperando con ello la confianza en sí misma, descubriéndose valiosa, inteligente y capaz de tomar decisiones.

Es verdad que en la vida de Adriana hubo muchos días en que las sombras pesimistas rondaban su mente con la idea de no poder hacer mucho al respecto de su situación acompañándola desde el amanecer hasta conciliar el sueño por las noches, sin embargo, también es cierto que a cada nuevo amanecer, la tibieza del sol y el fresco de las mañanas tranquilas como esperanza y promesa de otra forma de vida, fueron más frecuentes hasta convertirse en una realidad cotidiana.

Cada una de nosotras podemos promover el bienestar y alzar la voz contra la violencia doméstica desde nuestro ejemplo y experiencia de vida. Seamos la voz que se alza a favor de la otra forma de vivir.

viernes, 22 de enero de 2010

Estableciendo límites... ¿Por qué me tratan así?


Los límites nos ponen a salvo; nos contienen y nos protegen. Son tan necesarios como las vacunas para no enfermarnos, los barandales para no precipitarnos al vacío o los candados para que nadie nos robe nuestras pertenencias. Sin embargo, ya sea por razones culturales, por la necesidad de quedar bien o porque no nos consideren anticuadas, mala onda y sangronas, permitimos que sean ignorados, pisoteados y rebasados.
Establecer límites quiere decir que tú eres capaz de reconocer aquellas situaciones que te incomodan y que no permitirás que alguien vaya más allá de lo que tú consideras apropiado. Implica que seas la primera que los respeta, los mantiene y los defiende.

Cada persona, de acuerdo a sus propias experiencias, los determina. Esto quiere decir que, para una mujer en la relación que mantiene con su pareja, la malas palabras no son aceptables; por ello, no las utiliza y deja muy claro que tampoco acepta que las utilicen en contra suya pero, también puede ser que para otra, no tengan tanta importancia pero esta misma razón dificulta la claridad en el límite.

Lo que se permite una vez, estará condenado a repetirse muchas otras.

Tú puedes vencer el miedo a las discusiones. Debes estar segura de que puedes defender tu punto de vista, tu idea sobre algo que consideras adecuado o tu convicción para no acceder a las peticiones o exigencias de alguien que se quiere aprovechar de ti. Sé firme y mantente en tu posición, si empiezas a negociar tu bienestar, tu ideología o tu integridad, te arriesgas a perderlas por completo.

Las relaciones con las personas no son sencillas pues cada una ve el mundo desde su propia mirada y no siempre es igual a la nuestra. Es frecuente que algo que nos dicen o nos hace alguien nos incomode o, de plano, nos colme la paciencia pero, no por ello cortaremos nuestra relación con el mundo. Por el contrario, si verdaderamente queremos que nuestras relaciones con los demás mejoren, hay que aprender a defender nuestro espacio.

Una vez que le haces saber a la otra persona que eso que dijo o hizo no te gusta, también debes dejarle claro lo que va a suceder si se repite y, si vuelve a suceder, contra viento y marea, ¡cumple con la consecuencia que habías prometido!

Pongamos un ejemplo. Alfonso llegó una hora tarde para recoger a Susana, no se disculpó y ya no fueron al cine. Sin llanto y sin ganas de venganza, Susana le dice a Alfonso que se siente enojada y triste, no le grita ni lo agrede. Le dice que no está dispuesta a perderse de una película, llegar tarde a una cena o quedarse en casa porque a él se le haga tarde y no tenga la consideración de avisarle con tiempo de su retraso. Así que, -agrega Susana- la próxima vez que vayamos a salir, si no hay una llamada en la que me avises que no podrás llegar a la hora acordada, te esperaré un tiempo razonable pero al cabo de éste, me voy. Alfonso, no cree que Susana sea capaz de cumplir sus advertencias, “Sí, sí. Lo que tú digas”- termina diciendo sin mucho convencimiento-. El siguiente fin de semana, han quedado en que irían a una comida y que Alfonso pasaría por ella a la una de la tarde. Es la una con veinte minutos y Susana, al no tener noticias de Alfonso, ha tomado un taxi y se ha ido a su comida. Alfonso, al llegar a recogerla y no encontrarla, sorprendido por su actitud, llama a Susana a su celular y comienza a reclamarle su poca tolerancia. Susana no entra en discusión y simplemente le repite que ése fue el acuerdo y que ella está cumpliendo con lo que dijo que iba a hacer cuando él no cumpliera con su compromiso.

No sabemos cuál será exactamente la reacción de Alfonso, pero ése es problema de él. Susana ha puesto en claro que no permite ser ignorada. No se castiga a sí misma quedándose sin hacer lo que quería, no entra en discusiones acaloradas ni se pone en el papel de víctima para que Alfonso le pida perdón y le dé besitos para que olvide su falta (hasta que la vuelva a repetir) pues si así lo hubiera hecho, el mensaje para Alfonso habría sido: “no te preocupes tú sigue llegando tarde, al fin que un besito, unas flores o una falsa promesa es suficiente para volver a faltarme al respeto y que te perdone por ello”.

Cuídate a ti misma. Sé la primera en respetarte, valorarte y amarte para que, quien quiera estar a tu lado, lo haga de la misma manera.

A la pregunta: ¿por qué me tratas así? La respuesta puede ser “porque tú te dejas”.

viernes, 15 de enero de 2010

El victimario y el dominio machista


En muchos países, incluido el nuestro, el papel que juega la mujer en la vida de los hombres es igual al de cualquier objeto. Ya sea por elementos culturales o de educación, prevalece el rol de la mujer al servicio del hombre, de sus hijos o de su casa sin que esta forma de vida pueda etiquetarse como patológica o anormal. Es de origen, un sistema patriarcal y de dominio machista en el que la expresión de la frustración o de la carga emocional agresiva son volcados hacia la mujer como a un objeto. A este comportamiento se pueden agregar los sentimientos de posesión, dominancia y humillación como generadores de agresión.


Pensar que todos los hombres, por el hecho de serlo, ejercerán agresión contra sus parejas es definitivamente un error. También lo es el hecho de pensar que todos los agresores son iguales pues se pueden distinguir diferentes tipos de personalidad cuyas características muestran una mayor probabilidad de desarrollar relaciones destructivas, violentas o patológicas:

Algunos son inseguros, dependientes, conflictivos y ansiosos que controlan mal sus emociones; inestables afectiva y emocionalmente; cuando establecen una relación es con una mujer segura, estable y fuerte psicológicamente que refuerce sus características personales, les de seguridad y de la cual se hacen dependiente desde el punto de vista emocional y afectivo. En esta relación, la mujer puede aceptar su rol, asumiendo la toma de decisiones, el de protectora y el de la fuerte en la relación. En caso contrario, ella puede rechazar la situación al sentirse aislada por el encierro en el que su pareja pretende tenerla; la reacción del maltratador al rechazo es de ansiedad y frustración acosando, coaccionando, persiguiendo y agrediendo físicamente y, con tal de no perderla, pueden incluso llegar a quitarle la vida.

Otro tipo de personalidad es el maltratador extrovertido, poco responsable de su pareja con un estado emocional muy cambiante. Suele reprimirse en su trabajo pero acumula frustraciones que desquita con explosiones de maltrato físicas y/o psicológicas -como aguaceros- y que, al cabo de un rato, pareciera no haber sucedido nada. Si la mujer reacciona y amenaza con dejarlo o incluso denunciarlo, el maltratador pedirá perdón, mostrará arrepentimiento y jurará no volver a comportarse de esa manera lo que promueve la reconciliación. El peligro para ella depende del nivel de agresión de cada momento que, generalmente, irá en aumento.

En otro grupo encontramos al maltratador cuya autoestima es fuerte, exitoso, autosuficiente y muy exigente del comportamiento de los demás que si se relaciona con una mujer sumisa, dependiente y de baja autoestima, establece una relación patológica de humillación y maltrato físico o emocional cuando la mujer no cumple con sus deseos y necesidades. En este caso la víctima no se atreve a denunciar ya sea por incredulidad o por temor a las represalias y suele suceder que el apoyo se encuentre hasta que los hijos sean mayores para llevar a cabo la denuncia o ruptura de la relación.

Podemos describir otro grupo en el cual la relación “estable” se quiebra por el cambio de rol en mujeres que habían permanecido en desventaja y que, ya sea porque han asimilado el cambio o por la adaptación a la evolución social, establecen nuevos límites que no son del mismo modo asimilados por los hombres cuyas costumbres están tan arraigadas a ellos como raíces a la tierra. La emancipación, la respuesta agresiva y el orgullo se establecen con resultados a veces, muy graves.

Debes de tomar en cuenta que si tu pareja además de tener características similares a las anteriores consume alcohol u otras drogas, su impulsividad y el pobre control de sí mismo aumentan y con ello la gravedad de la situación también.

No hagas de tu relación de pareja una relación de miedo o de dependencia. El amor no duele ni amenaza, no sufre, no humilla, no maltrata.

miércoles, 30 de diciembre de 2009

Año Nuevo: Bienvenida a tu nueva vida


Cierra las puertas que tengas que cerrar y abre tu corazón y tu mente a lo que sí quieres vivir.


Como siempre, enero es un buen momento para hacer el balance de lo sucedido en los 12 meses anteriores y proyectar aquello que deseamos para los siguientes 12.

Aquello que debe quedar en el pasado asegúrate de que se quede ahí. Sin rencores, sin arrepentimientos ni amarguras. No escondas el dolor pero no sigas cargando con él. Déjalo donde pertenece como un recordatorio de aquello a lo que no quieres regresar. Tu pasado es parte de lo que te construye pero no te determina. Las malas experiencias así como las personas indeseables en tu vida debes convertirlas en aprendizajes y motores a partir de los cuales renueves la forma de vivir que deseas.

Dale una nueva dirección a tu vida y a tus intereses. ¿Hace cuánto tiempo que no haces aquello que disfrutabas tanto? Cuando piensas en dar ¿qué lugar ocupas para darte a ti, para hacer por ti? Toma cada uno de los pretextos que utilizaste para no verte a ti misma y guárdalos ahí donde no queden a tu alcance.

Recuerda que aquello que no te des, otros estarán imposibilitados para proveértelo. No confíes en que los demás te van a adivinar tal vez, si corres con mucha suerte, alguien le atine a hacer algo que te agrade pero no apuestes por ello.

Una vida nueva supone vivir sin miedo, sin angustia. Recupera la confianza en ti misma y define el rumbo de tu vida haciéndote cargo de tus propias decisiones. Deja los rincones oscuros y busca la luz que ilumine tu cara y tus ilusiones; encuentra en tu familia o tus amigas y amigos ocasiones para disfrutar de lo que sí tienes.

No busques cicatrices que revivan tu dolor; convierte esas marcas en evidencias de lo que no volverá a suceder porque hoy te das la oportunidad de salir adelante. Todo lo que fue ya no es porque ya no lo permites; cada día tienes la oportunidad de modificar tu rumbo para convertirte en una nueva mujer fuerte y decidida. Vuelve atrás la mirada para valorar todo lo que has logrado, las metas alcanzadas, los momentos de los que pudiste salir aún cuando pensabas que sería imposible; pero nada más.

Descubre todo lo que eres capaz de hacer y disfrutar; plantea nuevos retos en los que puedas dar de ti a los demás ayudando y compartiendo tus experiencias. Cuando has vivido una situación difícil, compartirla te libera de la sensación de ser la única que lo ha vivido y tiendes lazos hacia otras personas que pueden, a partir de tu experiencia, reconocer que sí es posible salir adelante.

Una vida nueva te espera para vivirla en plenitud.

miércoles, 23 de diciembre de 2009

Asertividad: Ni muy muy, ni tan tan…


Cuando hablamos de nuestras diferentes reacciones ante las circunstancias que se nos presentan en lo cotidiano básicamente observamos dos tipos de respuesta: por un lado, la pasividad que coloca a una persona en una situación en la que es recipiente de cualquier tipo de agresiones a las que prefiere no responder o no enfrentar como un mecanismo de defensa, aunque insuficiente, para evitar el conflicto. En el otro extremo, encontramos las respuestas tan agresivas u ofensivas como la recibida originalmente y que únicamente dan como resultado un círculo nada virtuoso en el que únicamente se logra la retroalimentación infinita de la mala comunicación.
Pensarse en una forma distinta a las anteriores puede resultar difícil en un contexto en el que no contamos con las habilidades sociales mínimas para lograrlo pues, por lo general, éstas no se enseñan oportunamente en las aulas de clase o en el comedor familiar.

Debemos comenzar por cambiar ciertos patrones como por ejemplo, el hecho de pensar que hablar de lo que sentimos no es apropiado pues, por el contrario, expresarlo nos ubica frente a los demás en una posición en la que nos dejamos ver tal y como somos. Lo más importante es que tú sepas cuáles son tus limitaciones y tus alcances.

Valorar nuestra autoestima no debe representar objetivos inalcanzables, esto es que, darnos a respetar debe ser lo mismo frente al desconsiderado que en la calle aprovecha la oportunidad para meterse en la fila de las compras que con tu cónyuge cuando no quieres hacer algo que a ti no te corresponde. Decir “NO”, contrario a lo que puede pensarse, no aleja a las personas de ti; lo que las personas observan en tu respuesta, es que eres una persona que pone límites y los respeta.

La asertividad no es una varita mágica que cambiará tu entorno o a la gente que te rodea. Es un proceso mediante el cual se van desarrollando actitudes personales adecuadas, alejadas de los extremos pasivo y agresivo que sin embargo, te proporcionan un ambiente diferente en el que poco a poco se va reemplazando el lenguaje de control (grosero, agresivo o chantajista), por uno empático y respetuoso.

En una situación en la que te parece que lo que está sucediendo no es correcto porque te ofende o te molesta ubica lo que sucede; cómo te hace sentir esta situación, qué esperas que cambie, qué propones y, considera también escuchar lo que la otra persona tiene que decir.

“No. Yo no voy a hacer lo que me pides porque no me corresponde; además, me hace sentir mal que no me tomes en cuenta para decidir. Platiquemos juntos y busquemos soluciones”.

Siempre existe un modo adecuado para expresar los mensajes y es necesario pensar antes de actuar para no dar lugar a respuestas que en otro momento nos hicieran sentir culpa o arrepentimiento por no haber actuado correctamente.

Analiza aquellas circunstancias en las que te es más fácil comunicarte: con qué personas sí puedes hacerlo y con quiénes te resulta complicado o imposible y trata de repetir lo que sí te funciona. Seguramente necesitarás realizar varios intentos antes de convertirte en una persona asertiva tanto con tu familia como con los demás pero no es imposible, no te des por vencida. Recuerda que en la medida en la que te percibes diferente, con más seguridad y más fuerza, los demás también lo harán.

viernes, 18 de diciembre de 2009

Ojo por ojo: Comunicación agresiva


Ojo por ojo y la humanidad quedará ciega.

Gandhi.

El desquite, la venganza o esperar nuestro turno para cobrar “la nuestra”, parecen ser reacciones normales cuando somos víctimas de un ataque, sin importar qué lo provoque, quién nos lo aplique o dónde nos encontremos. Vamos creciendo y viviendo en una sociedad en la que la violencia y la agresión son temas cotidianos; ya no nos espantan ya no alteran nuestra atención. El chisme y la nota roja venden porque de alguna manera nos hacen sentir más afortunados que el otro o la otra a quien sí agredieron, de quien se burlaron o a quien sí mataron.

Cuando se trata de reaccionar podemos hacerle pensar a nuestro atacante que estamos muertas y no movernos para ver si así lo engañamos y se va. También podemos gritar a todo pulmón para que alguien nos venga a salvar o salir corriendo a ponernos a salvo; pero también hay quien responde con la misma intensidad: insulta, golpea, devalúa, ofende y utiliza cualquier recurso igual o semejante al que fue utilizado en contra suya. Reaccionamos tan violentas o más que quien nos agrede porque todos y todas contamos con un instinto primitivo de supervivencia que nos impulsa a reaccionar.

Pero debemos entender que violencia genera violencia. Si me gritan y grito me volverán a gritar y nadie escucha nada. Si respondo con un golpe igual al que recibí, me expongo a recibir uno más fuerte para dejar claro quién manda.

Es una incongruencia ir haciendo por la vida aquellas cosas que les pedimos o deseamos que los demás no nos hagan: “Si le pegas a tu hermano yo te voy a dar a ti para que veas lo que se siente”. “¿Idiota yo?, el burro por delante… tú antes que yo”.

Y puede parecer natural, incluso se fomenta de muchas maneras socialmente aceptadas (chistes, sarcasmo, burlas) responder la agresión como una manera en la que el agresor sienta lo que se siente ser agredido, pero en realidad es una decisión personal hacerlo o no. Tal vez nos exige más trabajo contestar de una manera tajante, poniendo límites y no permitiendo la agresión que hacerlo en automático sin medir consecuencias y siendo al final, tan victimario como el primero, pero te aseguro que hacer las cosas pensando en ellas en lugar de actuar en automático, hace la gran diferencia.

Cambiar una conducta o una actitud sólo puede suceder cuando la cambiamos desde nuestro interior. Nuestros cambios generan cambios hacia afuera y si dejo de responder con agresión, al menos será el comienzo y aquél que recibiría esa agresión podrá recibir algo diferente y, por lo tanto, reaccionar también de manera diferente. Decídete, intenta hacer las cosas de manera diferente para obtener resultados diferentes.

viernes, 11 de diciembre de 2009

Comunicación pasiva: Di no al silencio.


Existen diferentes formas de reaccionar a situaciones que comprometen nuestra estabilidad pero no todas son adecuadas. Incluso desde pequeños, hay cierta predilección por uno u otro.

Por ejemplo, pensar que el silencio, la pasividad y la no acción sirven para evitar problemas o que tu agresor se enojará menos o que así no habrá conflicto, no es más que un mito basado en el miedo y la sumisión.

Es muy importante entender que el momento en el que empieza la agresión, es decir, en el momento en que otra persona nos pone en una situación incómoda en la que nos hace sentir mal porque se burla de nosotros, nos insulta o ignora o en la que, con actitudes amenazantes como alzar las manos o gritarnos nos intimida y nos hace sentir miedo tenemos que actuar de manera inmediata y decidida. No es adecuado quedarte callada, tu silencio no pone un alto al maltrato (tampoco desear hacerte chiquita para desaparecer funciona) y, por supuesto, negar la situación no aporta ninguna solución al problema.

Con una persona enojada es prácticamente imposible entablar un diálogo; mejor ponte a salvo, el hecho de permanecer ahí, aunque sea calladita, sigue representando una especie de tiro al blanco al cual atacan implacables los dardos de tu agresor. No permitas que el miedo te paralice. Si estás en tu casa, cambia de habitación, da la vuelta y si te es posible sal a la calle y busca alguna persona que te pueda ayudar en ese mismo momento. Si te encuentras fuera de casa y una escena desagradable comienza: apártate y busca un sitio concurrido donde no estés sola. Al primer indicio de una conducta que tú juzgues inadecuada pon un alto inmediato. La pasividad igual que el silencio pueden incluso fomentar la conducta de tu agresor pues éstas le hacen sentir que es capaz de dominarte.

Mira, éstas son las palabras de una mujer que se describe a sí misma tiempo atrás, cuando vivió en una relación destructiva:

“Mi boca servía para comer, mis manos para servir y mi cuerpo para ser golpeado. Aunque intenté hablar con mi boca, cada palabra que salía de ella era motivo de burlas, descalificaciones y en el mejor de los casos de una indiferencia total. Yo podía pensar porque eso si no me lo pudo prohibir jamás, pero preferí siempre guardar silencio para que él no se enojara. De todas formas no sabía qué decirle. Llegó un momento en que por las tardes, al mirar el reloj y ver que ya eran cerca de las seis de la tarde, mis manos comenzaban a sudar: un dolor como de vacío me daba en la boca del estómago y cualquier cosa que estuviera haciendo se quedaba sin terminar. Yo dejaba todo con tal de esperarlo con una sonrisa y toda la casa perfecta para él, pero el miedo nunca desaparecía porque me era imposible saber de qué humor llegaría a casa. Dejaba todo y lo esperaba linda, sonriente y con todo listo para recibirlo aunque nada aseguraba que él no me agrediera porque sobre la mesa del comedor no había suficientes servilletas”.

Poner en palabras lo que piensas y lo que sientes te va dando tu propio lugar frente a ti misma y a los demás. No te permitas pensar que alguien –el príncipe azul, tu mejor amigo o tu papá-, va a venir a salvarte cada vez que estés en una situación difícil. La primera que debe hacerse cargo de ti eres tú. No lo olvides.