viernes, 6 de noviembre de 2009

Violencia económica... ¿miedo, ignorancia o costumbre?


“Hija, ya lograste terminar la secundaria y a partir de ahora ya no necesitas estudiar. Pagarte la escuela sería desperdiciar tiempo y dinero; eso déjaselo a tu hermano Miguelito, que aunque le cuesta más trabajo, a él le toca. Ahora lo único que tienes que hacer es preocuparte por encontrar un buen marido que trabaje y te mantenga y darnos a tu padre y a mí la satisfacción de ser abuelos. El éxito de las mujeres está en ocuparse de su marido y de su familia” -fueron las palabras que su madre dedicó a Irma el día que terminó la secundaria.

Rosario ganó un ascenso en su trabajo. Para festejar, invitó a su novio a cenar y cuando le dio la noticia, el noviazgo terminó pues para José Luis es muy difícil manejar una situación en la que su mujer gane más dinero que él. Sin embargo, él está dispuesto a regresar con ella cuando se le pase “la novedad” y comprenda que es mejor para “ambos” que no acepte el ascenso pero tengan una relación feliz.

Los sábados son días complicados para Marilú; se levanta muy temprano para ir en metro y llevar a los niños con su madre quien vive al otro lado de la ciudad y se los cuida mientras va a la universidad. De regreso, luego de dos peseros distintos y más de dos horas de recorrido, los recoge y se va a la comida semanal que se organiza en casa de su suegra, donde Pedro la espera luego de jugar futbol en el parque de la colonia y haber lavado el carro que Marilú está pagando desde hace dos años pero que él “necesita” para llevar a sus amigos de regreso a casa después del partido.

Una y otra vez podemos escuchar historias semejantes en las que la violencia económica es ejercida sobre muchísimas mujeres. Como amenaza, como limitación o como ejercicio del poder sobre ellas y, en consecuencia, deteniendo su desarrollo o deteriorando su condición de vida.

Ahora bien, siempre pueden cambiarse estas condiciones. Por ejemplo, negociando, estableciendo límites con la pareja y con la familia, comunicando claramente lo que se quiere pero también lo que estás dispuesta a hacer o no por los demás.

Todos los días millones de mujeres aportan al progreso institucional, empresarial y familiar y no hay ninguna razón por la cual pensar que debamos elegir entre una u otra como única actividad. Todas son labores compatibles siempre que se comprenda que deben ser compartidas y que el hecho de trabajar, estudiar o dedicarse al hogar es una decisión libre y responsable.

En la medida que cada mujer se valora a sí misma y a lo que hace, transmite a quienes la rodean el gusto, la importancia y el amor por sus acciones provocando así la otra forma de vida: sin ser víctima de la violencia económica se transforma la visión equivocada de quienes por miedo, ignorancia o costumbre la juzgan condicionan o limitan.

viernes, 30 de octubre de 2009

Cómo preparar un Caldo de Ranita...

En gustos se rompen géneros…

pero también se destruyen dignidades.


Ingredientes:
- Una ranita viva de preferencia hembra
- Agua (la necesaria a temperatura ambiente)
- Un recipiente resistente al calor.
- Calabacitas tiernas
- Condimentos:
- Sal, pimienta, canela en raja.

Modo de preparar:

Considere que para cocinar la ranita viva se deberán cuidar algunos detalles específicos. Los seres vivos que han de convertirse en un el deleite al paladar, dada su condición de frescura y buen estado, no pueden ser incorporados abruptamente al agua hirviendo; de hacerlo así, podrían suceder dos cosas:

a) que la ranita al contacto con el agua en ebullición responda instintivamente, y haciendo acopio de fuerza y agilidad brinque inmediatamente del recipiente provocando tremendo desastre y tal vez hasta la pérdida del ejemplar; o

b) que en el caso de permanecer en el agua hirviendo, la ranita sufra innecesariamente alterando así el sabor de nuestro caldo de manera desagradable y culposa.

Si usted cuenta con una selección vasta en animales vivos para deleite del paladar, se recomienda no mezclar, por ejemplo, langostas con ranitas, ya que el agua salada no es un medio adecuado para ranitas, consiéntalas y apapáchelas desde que las adquiera hasta que las cocine. De preferencia escoja usted una ranita hembra pues, a diferencia de los machos, su apariencia es más robusta y agradable.

Ahora bien, se sabe que la sangre de las ranitas es fría. Mejor dicho, la temperatura de su sangre es similar a la temperatura ambiente. Gracias a esta característica propia de las ranitas, debemos preparar nuestro caldo de tal forma que no sea una odisea de persecución; que no se vea comprometido el delicioso sabor de la ranita pero tampoco la conciencia de usted por propinarle una serie de palos mientras la persigue o por tener que hundirle un cuchillo estando viva. La tarea será verdaderamente fácil si colocamos a la ranita dentro del recipiente lleno de agua a temperatura ambiente sobre la flama mínima que alcance su hornilla y posteriormente, de forma gradual y lenta, incrementamos hasta alcanzar el punto de ebullición; así el tiempo podrá determinarlo de acuerdo a su gusto por una carne más o menos suave, y puede usted estar segura de que la ranita no sufrirá con esta muerte lenta pues prácticamente no percibirá el aumento del calor. Una vez hirviendo, incorpore las calabacitas tiernas, saltee y condimente al gusto con la rajita de canela. Limón y chilito son buenos complementos.

Por cierto, la presencia de la violencia en nuestras vidas ha seguido un curso increíblemente similar a la elaboración de un buen caldo de ranita. Empieza sutil y difuminada, socialmente aceptada: chistes, burlas, sarcasmo, indiferencia, uso de un lenguaje “moderno y entre cuates”, una mirada inquisitiva, una orden, un pellizco, un empujón, una nalgada... Y de a poco, aumenta: la persona violenta recurre a medios cada vez menos sutiles para producir los efectos necesarios; la víctima de violencia, como la ranita, se acostumbra a lo sublime del inicio y no es consciente de que ha entrado en una relación que también vale decir, incluye acciones que en apariencia no son violentas ni agresivas como escribir lindas cartas llenas de arrepentimiento (chantajes), regalar flores (regalos de culpa), subsanar heridas o moretones con besos o caricias (como agregar calabacitas tiernas para la presentación del caldo de ranita) pero en las que la muerte puede ser, y es en muchos casos, el resultado final.

¡CERO TOLERANCIA A LA VIOLENCIA FÍSICA, PSICOLÓGICA, ECONÓMICA, INTELECTUAL!

lunes, 26 de octubre de 2009

Tu felicidad está en tus manos... ¡Decídete ya!


Justo antes del amanecer la oscuridad parece no llegar a su fin. Sin embargo, la luz aparecerá sutil, casi imperceptible pero inevitable. Puede suceder que las nubes impidan al sol brillar intensamente y que el frío nos invite a no movernos pero, sin importar el clima, sabemos que el sol sigue ahí y todo lo que hacemos para evitar que el mal tiempo interfiera con nuestra rutina, deberíamos aplicarlo también en aquellas situaciones en las que nuestros ánimos se nublan y nos sentimos chiquitas, tristes, inseguras o débiles.

Mucho depende del ánimo con el que nos enfrentamos al mundo. Buscar ser perfectas, además de innecesario, es frecuentemente inútil y nos deja con sentimientos de frustración que son contrarios a lo que deseamos.

Un día nublado se enfrenta preparando nuestra ropa para salir bien abrigadas y no enfermarnos. Sabemos que si no sale el sol pasaremos un día frío y que quizá estemos tristes por su ausencia. En nuestra cotidianidad deberíamos hacer igual. No todos los días son perfectos pero sí podemos prepararnos para aquellos en que las cosas se pongan difíciles; igual que cargamos nuestro paraguas por si llueve o el suéter para que no nos sorprenda el frío de la tarde, también debemos llevar siempre con nosotras la creencia firme de que podremos levantarnos y continuar.

No todos nuestros días serán soleados pero si además de un buen café cada mañana bebemos una taza de amor propio endulzado con terrones de confianza y paciencia, éstos harán del clima más adverso una experiencia para crecer y fortalecernos.

Podemos ser el sol y brillar o, permanecer escondidas tras las nubes. La forma en la que nos pensamos tiene mucho que ver con lo que esperamos de nosotras. Nuestras actividades cotidianas van de la mano con nuestra manera de enfrentar los problemas y las opciones que nos demos para resolverlos.

Si la lluvia del desencanto nos atrapó, busquemos el resguardarnos al cobijo de nuestros amigos. Pidamos consejo, escuchemos las experiencias de los otros y pongamos a prueba nuestra paciencia. Los cambios no suceden por arte de magia.

Encontraremos en el camino de la vida rutas sencillas pero también nos esperan sendas complejas y mal tiempo. Así como tomamos precauciones para cubrirnos del frío, seamos precavidas por si comentemos errores a lo largo de nuestro día. Si olvidamos el suéter del buen ánimo, recurramos a la bufanda del amor propio. No hay varitas mágicas para resolver los problemas. En cambio, contaremos siempre con nuestra capacidad para reponernos, tomar un respiro, evaluar nuestro comportamiento y fijarnos metas que sean alcanzables.

No pensemos en correr si aún no caminamos. El autoconocimiento y la fortaleza se construyen a lo largo de la vida, el empoderamiento no es una meta, es un proceso que nos va a permitir estar mucho mejor con nosotras y con el lugar que ocupamos en nuestro mundo.

No pongas en manos de otros tu dicha o tu infortunio. La única que tiene en sus manos tu felicidad, tu fuerza y tu vida eres tú. No le des a otros la oportunidad de hacerte daño, cada quien es responsable de sí. No hay excepción. Si se trata de buscar el bienestar, encuéntralo en tus gustos, sigue tus ideales y crece tanto como quieras. ¡Brilla para ti todos los días y realiza tus sueños!