jueves, 2 de diciembre de 2010

martes, 29 de junio de 2010

Hombres cambiando el rumbo

La violencia contra las mujeres no es normal. No es una situación provocada por ellas pero sí es un proceso que muchas veces encuentra sus raíces en la niñez.
Es desafortunadamente común educar a los varones con ideas e imágenes violentas y agresivas considerándolas parte de su “naturaleza”, pero se trata de una equivocada percepción de la violencia como una herramienta para defenderse; o para ser “hombrecitos”, “machines” que aguanten y sean más fuertes o más rudos que los otros pues se vive como falta de carácter que un niño no reaccione cuando un compañerito de banca le ha dado un golpe o un empujón, recibiendo, además y generalmente, el regaño parental por su falta de “carácter”.
Poco a poco, hombres y mujeres asumimos que nuestra condición masculina o femenina representa una forma específica de comportamiento: agredir/aguantar, violentar/aceptar. Entonces, desde la infancia, las relaciones que establecemos con los demás son relaciones basadas en el poder o la sumisión. Ya en la adolescencia o la juventud encontramos con frecuencia alarmante la presencia de la violencia como un componente parasitario y letal en las relaciones, así como un medio para establecerlas, controlarlas y manipularlas. Durante el matrimonio, lejos de disminuir, la violencia psicológica revela además otras manifestaciones: física, emocional, económica y/o sexual con desenlaces fatales.
A veces, por falta de adecuados recursos emocionales, baja autoestima, pobre o inexistente control de impulsos o baja tolerancia a la frustración, aquellos niños a quienes se les enseñó la violencia como instrumento de defensa son hombres que la utilizan como instrumento cotidiano frente a las situaciones que escapan a su control o que les despiertan miedo o inseguridad.
El rol del hombre fuerte, proveedor dificulta a su vez una condición en que pudieran pedir ayuda para detener lo que parece una cadena interminable. Sin embargo, existe siempre la opción al cambio.
Sensibilizarnos con respecto a la violencia y su anormalidad es un buen inicio. Reconocer que se tiene un problema, ya sea porque se ejerce o se sufre, es el primer paso para detenerlo y resolverlo; para desaprender lo aprendido y establecer una comunicación diferente.
Reflexiona acerca de tu forma de relacionarte con los demás. Evita repetir aquello que a lo largo de tu vida ha significado daño contra ti o contra otros. Responsabilízate de tus acciones u omisiones y cambia lo que sea necesario cambiar. Tu vida es valiosa por el simple hecho de existir, recupera tu propio lugar fuera de los roles establecidos, y escoge aquél que te convierta en una mejor persona.

martes, 15 de junio de 2010

Hombres apoyando hoy


Seguramente has escuchado lo felices y afortunadas que se sienten algunas mujeres porque el hombre a su lado las apoya en las labores del hogar: …”me ayuda a barrer para que no se me haga tan pesado…”, o porque les permiten superarse: “el chiste es que no descuide la casa pero yo puedo  estudiar o trabajar o cuidar a los niños…”. Estas parejas, si bien parece que empezaran a cambiar algunos patrones, se encuentran todavía muy lejos de una relación en igualdad.
 Una relación en equidad no da lugar al control ni a la manipulación, “permitir” o “apoyar” son posiciones donde quien ostenta el poder hace gala de su benevolencia para “ayudar”.
Construir en pareja es recorrer el mismo camino hacia una meta en común: crecer, desarrollarse y fincar distribuyendo las tareas y convencidos de que ambos son solidarios en  la relación y las responsabilidades así como también participantes de  los mismos derechos.
Sabemos que cambiar una ideología, una costumbre o una forma de vivir, no es únicamente cuestión de levantarse un día y decir “hoy voy a ser diferente”. Para cambiar es necesario estar convencidos de lo que deseamos realmente con ese cambio y tener muy claro lo que se desea alcanzar. Dejar la comodidad del rol establecido da miedo por la mirada de la familia o de los amigos que aún no se plantean “la otra forma de vivir”, pero a través de experimentar la satisfacción por los cambios logrados y de la fortaleza que se adquiere con la alianza, este cambio se convertirá en una constante gratificación por vivir en congruencia con la vida en pareja.
La estima de una persona radica en los logros que tiene frente a sí mism@ y el reconocimiento de sus debilidades para enfrentarlas y modificarlas. Lograr un hogar es tarea de todos los que en él se desarrollan y no puede depender de las tareas de una o de las responsabilidades de otro, sino del amor que se le dedica a las faenas en beneficio de todos. Apoyar en el hogar es mucho más que permitir o ayudar, es vivir en pareja y compartir parejo.

martes, 8 de junio de 2010

¿Y el rol de los hombres?

Las mujeres no somos las únicas que vivimos situaciones de violencia y agresión y, para los hombres que quieren hacer cosas diferentes y valoran de forma distinta a sus compañeras o amigas, la vida no es muy fácil. Ellos, al igual que nosotras, viven en un mundo plagado de mensajes en los que su papel de proveedores rudos y agresivos es preponderante para lograr el reconocimiento social, situación equiparable a la que vive una mujer si por convicción propia desea renunciar a la maternidad.
Si para las mujeres el papel de ser pasivas, sumisas, marginadas es un estereotipo que a fuerza de mucho batallar empieza a cambiar, es necesario eliminar también en esta otra nueva visión de mundo el papel impuesto a los hombres de ser –o deber ser- los activos, proveedores y poderosos. Ambas ideas de lo que debe ser cada uno son erróneas y es necesario apartarlas de nuestras prácticas cotidianas.
Mientras sigamos reproduciendo esquemas donde siendo mujeres, nuestra condición va en desventaja. Mientras sigamos defendiendo una cultura en la que se privilegia nacer hombre sobre nacer mujer y repitiendo patrones porque los vivimos en lugar de cuestionarlos e intentar otros continuaremos, durante muchas generaciones, imposibilitados para cambiar.
Para un hombre, igual que para una mujer, las cargas emocionales que nos echan a cuestas pesan y son difícilmente eliminadas por su condición de obvias dentro la vida familiar o laboral. Generalmente lo que se vive no se cuestiona, ha estado ahí por tanto tiempo que ya nadie se pregunta si es correcto o no.
Para muchos hombres, la violencia no es solamente el medio por el cual se mantiene y perpetúa el poder sino una práctica familiar, cotidiana y perversa, que tampoco se cuestiona porque parece tan natural como respirar.
Una familia cuya visión de vida pueda modificarse y descentralizarse de los mensajes “te toca”, “me toca”, “eso te corresponde a ti por ser mamá o por ser papá”, etcétera, estará promoviendo una cultura y una sociedad incluyente en la que se pueda hablar del “nosotros” como una unidad.
Cuando podamos tomar distancia de nosotros para valorar a los demás y valorarnos a nosotros mismos, comprender que los roles o los prejuicios no forman a las personas y que las personas son mucho más que el papel social que desempeñen, estaremos mucho más cerca de cambiar realidades injustas e inequitativas que hoy por hoy prevalecen en muchos hogares y centros de trabajo.

lunes, 7 de junio de 2010

Madres cambiando el rumbo

Dejar un camino que seguimos sin más cuestionamientos que pensar cuánto tardaremos parece un sueño. En realidad, es una oportunidad que tomamos en nuestras manos y con la que transformamos nuestra vida y la de aquellos que nos rodean.
Cambiar las cosas empieza por imaginar cosas distintas, darles forma poco a poco y procurar pequeños pero firmes pasos para lograr un cambio de rumbo.
Hacer las cosas distintas significa darte la oportunidad de elegir hacia dónde vas y no darle a otros el poder sobre tu vida; es empezar por verte como quieres verte y no como crees que te ven los demás. No puedes vivir tu vida en función de los demás y pretender que ese es tu destino.
Mírate sin juzgarte, sin castigarte, sin regañarte. Mírate y observa que a tu alrededor las cosas se mueven cuando tú te mueves, mírate como generadora de cambios. No te compares con nadie. Tus experiencias, tu dolor o tu alegría son solo tuyos y tú decides si con ellos te anclas o con ellos emprendes una nueva ruta; mírate buscando dentro de ti las respuestas que necesitas. No te traiciones. No vayas en contra tuya aunque esto te haga ir en sentido contrario al de los demás.
Pensarte, mirarte, quererte y cuidar de ti misma no te hacen egoísta. Piensa en ti como la mujer que admiras porque está dispuesta a cambiar y a dejar de lado lo que no te corresponde cambiar. No arrastres aquello que sólo te detiene: recuerdos, pesadillas, ideas negativas pero, sobre todo, no arrastres tu vida: tómala en tus manos y ¡actúa!
Actúa para que tus hijas no repitan historias, para que tus hijos sean hombres distintos porque te ven con valor y te respetan por lo que eres; para que tus acciones se conviertan en modelos y tus palabras en motivación hacia ellos y hacia ti como aliento para cambiar tu rumbo.

lunes, 24 de mayo de 2010

Viviendo a través de los hijos



Cuando los hijos  se nos parecen  hay que preguntarnos si es motivo de orgullo o momento de enmendar el camino.
Muchas veces como  madres, depositamos en nuestros hijos una serie de  expectativas que deseamos cumplan porque nosotras no pudimos: que sean buenos estudiantes, que terminen una carrera profesional, que busquen una buena pareja, se casen, tengan éxito; en fin, que hagan todo aquello que nosotras no pudimos, que sean lo que nosotras no  somos, que hagan lo que les  decimos pero no lo que nosotras hacemos: “Si, yo fumo pero tú no debes hacerlo”.
A menudo, estos deseos que  no pudimos realizar se convierten en mandatos que exigimos a nuestros  hijos, sin detenernos a pensar que ellos, como  individuos independientes y autónomos, vivirán una vida completamente diferente de la nuestra. Del mismo modo que nosotras hemos cometido muchos errores, pero también alcanzado muchos logros, ellos tendrán que vivir y sufrir los propios.
Nuestro deseo de “protegerlos” se puede convertir en una agresión constante como resultado de nuestra frustración al no obtener, tampoco a través de ellos, lo que no pudimos darnos o lograr nosotras mismas. Y entonces descubrimos unos hijos llenos de rencor, de enojo y con una autoestima pisoteada como resultado de no poder lograr nunca lo que esperamos. Niños que sienten que nunca nada es suficiente para  complacer a mamá  o que  nada les es reconocido porque  no es lo que se esperaba de ellos aún cuando han hecho su mayor esfuerzo o hayan logrado lo que ellos esperaban  de sí mismos.
Cuidado, no cometamos el error de tratar de imponer nuestras ideas a otros, y menos en nuestros hijos. Nuestra misión con  ellos implica mucho, pero mucho más, que cincelar una obra perfecta. Si aplicamos todos nuestros sentidos y ponemos atención  en los mensajes que  enviamos, podremos hacer las  cosas diferente y, casi como  espectadores, ser testigos de lo que nuestros hijos hacen  de su vida y estar a su lado para ayudarlos,  detener  su caída  o impulsarlos a elevar sus alas. No se trata  de alejarse, ser indiferente o abandonarlos; ni el hecho de no invadirlos quiere decir que no los formemos sino que los guiemos a partir  de valores  como  el respeto y la responsabilidad estableciendo límites sanos y desarrollando una buena y efectiva comunicación.
Tus sueños son  tuyos, trabaja por ellos, lucha por alcanzarlos, y cada día descúbrete capaz de plantearte nuevas metas  y lograrlas. Si  tienes  claro  hacia dónde quieres ir, tendrás  igual claridad para conquistar tu camino y no será necesario que busques en  otros tu realización.

martes, 11 de mayo de 2010

Madres mexicanas... Antes de ser madre, eres mujer


Un embarazo creará una vida pero transformará, cuando menos, dos más: las de la pareja que ahora serán madre y padre de quien está por nacer, y en esa medida marca un antes y un después que dura el resto de la vida.

Para las mujeres, sin embargo, el asunto puede ser un problema cuando hemos crecido con la idea de que algún día seremos la esposa de un marido y la madre de nuestros hijos, como si éstos fueran los valores o destinos únicos. Esperamos muchas veces completarnos con una media naranja o ser rescatadas por un príncipe azul. Jugamos con muñecas que comen, lloran, caminan y a las que aprendemos a alimentar, cuidar y vestir para algún día dejar de jugar y convertirnos de hecho, en lo que era una especie de curso propedéutico.

Sin darnos cuenta y sin reparar mucho en costumbres, tradiciones y roles de vida, estos juegos se convierten en obstáculos que no permiten plantear “la otra forma de vida” porque, justamente, nos fragmentan y nos hacen creer que algunas partes del todo que somos (como ser mamás) son más importantes que otras (como ser mujeres y/o licenciadas y/o pareja/ y/o familia) y que si no nos avocamos a ello estamos “defraudando” al mundo.

Pensemos. En realidad una mujer-madre que se viva sin el ánimo de seguir adelante porque ya sus hijos no la necesitan, seguramente nunca se atrevió a vivir su propia vida y vivió solamente la cara de mamá arrinconando la de la mujer en el olvido.

Como mujer, busca tu propia identidad y haz de los roles (madre, esposa, hija, hermana…) complementos de lo que en totalidad eres tú. No somos solo una parte y somos mucho más que la suma de las partes.

Ser una madre plena, requiere en primer lugar, ser una mujer, un individuo lo más completo, satisfecho y gozoso de sí que te sea posible y es, además, la mejor garantía de cambio, pues serás ejemplo para otras mujeres (tus hijas, tus hermanas y amigas) y también de los hombres (tus hijos que un día buscarán pareja), sobre cómo es posible vivir en armonía y con respeto hacia todos; empezando por ti.

viernes, 30 de abril de 2010

¡Recupera a la niña que tienes dentro!

En nuestros recuerdos siempre habrá un lugar al que podamos regresar y revivir momentos maravillosos y disfrutables.


Lo cotidiano y rutinario nos consume con tal velocidad que un buen día nos detenemos, volteamos hacia atrás y nos cae como balde de agua fría ver que han pasado años y años, que ya no somos las niñas que fuimos y que, de hecho, ahora son nuestros niños los que nos buscan a nosotras para jugar y vivir…

¿A qué jugabas de niña? ¿Cuáles eran tus sueños y tus ideales? ¿Puedes escuchar esa vocecita que te habla de que no deberías olvidarte de ti misma?

Viajemos en el tiempo para recordar y regocijarnos de aquellos momentos maravillosos. Al día a día agreguemos pequeños detalles de aquellos tiempos y reconozcamos en nosotras a esa niña que sigue dentro, esperando con paciencia el momento de hacerse presente en nuestra existencia, para revivir nuestros deseos; jugar, disfrutar y tomar la vida como una experiencia llena de luces y de colores que nos hagan sentir plenas y maravillosas.

Cierra los ojos para viajar a aquella infancia, sólo por el gusto de dedicarte unos minutos de todo tu día para ti y reencontrarte con la mujer extraordinaria que eres cuando vuelves a abrirlos, porque puedes verte con todos los logros que has conseguido y tienes en cuenta todos los que vienen. Porque eres ahora una mujer que va hacia donde quiere ir y toma sus propias decisiones; enfrentas tus errores y aprendes de ellos: igual que cuando eras niña, si te caes y te lastimas, lloras y duele, pero siempre te levantas.

Apapáchate y cuida de ti como lo harías con cualquier niña que estuviera a tu cuidado. No la abandones ni le mientas, no le des la espalda nunca y mírala siempre con todo el respeto que se merece. ¡Tú eres tu niña!

Si hoy, frente a tu mirada encuentras la de tus hijos, bríndales todo el amor y la confianza de que eres capaz. Que vean en ti la capacidad de salir adelante, lejos de un ambiente temeroso, resentido o agresivo. Dales el hogar libre de violencia que siempre has querido para ti misma y juega cuanto puedas con ellos. Disfruta su presencia y no permitas que la presión cotidiana gane la batalla y abra paso al mal humor, el enojo o la frustración. Ofréceles la seguridad de estar a su lado y también déjales saber lo importantes que son para ti. Tú eres responsable de que la otra forma de vivir: sin violencia, sea una realidad para ellos.

Disfruta de tu día, sigue siendo siempre la niña que sonríe para iluminar el cielo de quienes la rodean, y si en tus ojos una lágrima se asoma, déjala fluir, no la escondas ni la borres: siéntela y abrázate; pero asegúrate de recuperar rápidamente a la niña entusiasmada por la vida.

lunes, 26 de abril de 2010

Nuestros niños cambiando su mundo

Algunas veces tratamos de escudar nuestras acciones y cargamos a otros lo que en realidad es nuestra responsabilidad. Pensar que los niños o los jóvenes son el futuro y que en sus manos estarán los cambios que tanto anhelamos nosotros los adultos, es una forma de evadir la propia responsabilidad.


Si bien es cierto que los niños demuestran mayor ilusión para construir un mundo mejor, somos nosotros los adultos quienes los estamos educando y quienes les proveemos de la seguridad o de la apatía que reflejen -y de hecho vivan- al crecer y convertirse en los adultos del mañana.

Papás y mamás que agreden, abandonan o son indiferentes con sus hijos, sobreprotectores, permisivos o sumisos, transmiten sus miedos y, de igual forma, la angustia ante la vida y la falta de compromiso consigo mismos y con los demás, generándose así un círculo perverso muy difícil de romper.

En un hogar donde la agresión y la violencia son los estímulos que rodean a la familia, podemos asegurar que se desarrollarán también el miedo y el ataque como formas de interacción a futuro. Pero ahí, donde el respeto y la responsabilidad son raíces, se pueden establecer generaciones de jóvenes que crezcan con la convicción de que una vida libre de violencia sí es posible.

Para que nuestros niños logren cambiar su mundo, tenemos que ser nosotros un ejemplo a seguir, impidiendo que situaciones como la intimidación y la trasgresión de valores sean una constante. La violencia doméstica no es un escenario que pueda verse como algo normal, no debe estar presente y mucho menos ser un modelo en la vida de los niños.

Ser parte de una sociedad libre de violencia empieza por cada uno de nosotros y se expande hacia todos los que nos rodean. Demos a nuestros niños la oportunidad de reconocer en sus mayores, personas en las que puedan confiar y creer, para que, entonces sí, lleguen a ser los hombres y mujeres que, igual que nosotros, sigan cambiando al mundo.

martes, 13 de abril de 2010

Hereda respeto... Rompe patrones de crianza

Quizá una de las tareas más difíciles que nos toca realizar en la vida sea la de criar y educar a nuestros hijos. La mayor parte de la educación, se hace de una forma intuitiva partiendo de los modelos y esquemas que cada uno obtuvo de sus padres y familiares en general; sucede en el día a día, sin pensar mucho en algunos detalles que en realidad son fundamentales.


La educación basada en los roles de género (lo que te toca hacer por ser niño o niña) es, en principio, un patrón que se aplica generación tras generación a prácticamente todos.

Hoy, la realidad nos enfrenta a situaciones de vida en que los nuevos roles ya no se acoplan a los patrones anteriores. Por ejemplo, la idea de actividad de uno y pasividad de la otra ya no es aplicable. Poco a poco el rol de la mujer se ha establecido hacia la igualdad en cuanto a la actividad, económica, social y política, entre muchas otras, y estos cambios logrados (no con facilidad, por cierto) representan también cambios en el desarrollo de su papel en pareja y en familia.

Del mismo modo, para los hombres hoy en día, la idea de su propio papel a desarrollar se ha visto modificada y puede no resultar tan clara. La expresión de este conflicto puede llevar a un tipo de agresión que nace de la inseguridad y del desconocimiento sobre el nuevo rol como pareja y/o padre.

Romper con los patrones de crianza nos lleva a replantearnos una vida a través de los valores de igualdad, respeto y responsabilidad aplicados dentro del ambiente familiar, donde las tareas se compartan y se disfrute de la comunicación.

Trabajemos por un ambiente en el que hablar, discutir, establecer límites y negociar sean las tareas cotidianas en las que todos y cada uno se esfuercen por mantener.

Puede resultar cómodo seguir educando como fuimos educados, desde el control, la amenaza, el miedo o el autoritarismo puro: “por que lo digo yo”. Y escudarnos diciendo que gracias a como fuimos educados “hemos logrado ser lo que somos”, pero siempre es posible mejorar. Siempre será posible la otra forma de vida en la que no sea cuestión de ejercer el poder sobre los otros sino cultivar la seguridad y el crecimiento de todos en una vida sin violencia.

miércoles, 7 de abril de 2010

¿Por qué siempre a mí?... Rompe patrones

Hay personas que piensan que para cambiar hace falta valor o, peor aún, hay quienes piensan que ante la fuerza de la costumbre poco se puede hacer. Sin embargo, una vida sin violencia no es cuestión ni de valor ni de costumbre.


Una de las razones por las cuales se viven relaciones agresivas y violentas puede tener su origen en rincones lejanos a tu conciencia y es necesario que eches un vistazo a tu propia historia.

Durante tu infancia, son múltiples los escenarios, como el hogar y la escuela, en los que se viven situaciones de control excesivo, pasividad o agresión y estos elementos se convierten, a lo largo de la vida en patrones, moldes que van dando forma a tus relaciones posteriores con otras personas. Estos patrones, hacen que de alguna manera encuentres justo a aquellas personas que se asemejan en su trato y en su conducta a aquellos modelos originales con los que te relacionabas.

Cabe mencionar que la descripción anterior no es una regla o un requisito indispensable para que se establezcan relaciones de violencia pero, si en más de dos ocasiones te has preguntado ¿Por qué siempre a mí?, ¿a caso todos los hombres son iguales? o, ¿por qué me tengo yo que encontrar a todos los malvados? es entonces momento de analizarte a ti misma para encontrar la raíz de tus elecciones. Nada habrá que te impida cambiar el modelo.

¿Cómo se le hace?

Ubica aquello que quieres en tu vida y en tus relaciones con los demás; actúa de manera diferente para generar cambios a tu alrededor; mejora la visión que tienes de ti misma dándote el valor que mereces y sobre todo teniendo en ti misma la confianza y la seguridad de que mereces otra forma de vida. Poco a poco, conforme trabajes en ti, verás con enorme orgullo que a tu alrededor hay otro tipo de gente; que sí existe, que es real y que no es solo parte de tu imaginación como también es cierto que una vida libre de violencia, tranquila y feliz, también es posible.

Hay muchas personas en torno a ti que estarán siempre dispuestas a ayudarte yen quienes podrás apoyarte siempre que sea necesario.

Tú eres como un imán y podrás atraer hacia ti todo lo que desees.

Piensa en todo lo que podrás lograr si, en lugar de buscar de acuerdo a un patrón establecido sin tu decisión consciente, favoreces circunstancias en las que tú verdaderamente quieres estar. ¡Estoy segura que te vas a sorprender!

lunes, 29 de marzo de 2010

Mira al horizonte... ¡Siempre hacia adelante!

Tus manos son la ternura que acaricia al viejo y al recién nacido; tu voz acompaña en la distancia a quienes en su viaje extrañan el hogar y tus ideas son fuente inagotable de creación.


Sembrando en la tierra o en el hogar cosechas futuro, tus manos son el signo más claro de tu esfuerzo, con ellas das realidad a los sueños de muchos. El dolor de los otros jamás te es indiferente, pero eres capaz de ignorar el tuyo y, convertiéndolo en impulso, logras día a día, dar pasos más allá de lo que tú misma eres capaz de imaginar.

No eres la mitad de nadie y no necesitas que alguien te reconozca para sentirte bien, por el contrario, cada noche cuando el silencio y el cansancio se apoderan de tu espacio, todo lo que lograste se queda en las experiencias de todos los que te rodean enriqueciendo su vida.

Tu fuente de inspiración es inagotable cuando buscas en ti misma las respuestas a los retos cotidianos y en tu mirada son otros quienes encuentran el apoyo, el ánimo y la confianza que buscan cuando en ellos decaen.

En la familia, en el trabajo, en la calle y en el campo somos mucho más que una imagen o un esquema, somos cimientos que apoyan estructuras sociales, familiares, institucionales y empresariales; trabajadoras, emprendedoras, líderes, y promotoras, funcionarias; estrategas, fuertes, valientes y decididas, siempre parte fundamental de nuestro entorno y de los cambios que en él generamos. Con nuestras palabras o nuestras acciones el mundo se mueve y el brillo que en él percibamos depende únicamente de nuestra propia mirada.

Con la frente en alto y la mirada orgullosa camina siempre de frente hacia el horizonte; voltea hacia atrás para recordar de dónde vienes pero no permitas nunca que tu camino retorne hacia el dolor o el sufrimiento que hayas dejado atrás. Cuando te das la oportunidad de crecer el pasado es solamente un recuerdo del cual tomas en cuenta los errores para no repetirlos pero nunca te quedes ahí por seguro que parezca. De tu esfuerzo dependes tú y así también, de tu vida eres responsable. ¡Continúa siempre adelante!

Cada paso que das hacia tus metas es parte de la construcción de este mundo que no puede imaginarse sin mujeres produciendo.

lunes, 22 de marzo de 2010

Crece, descúbrete... ¡Florece!

Tú, como una flor, habrás de encontrar el mejor momento (tal vez el menos esperado o el menos pensado) para abrirte ante ti misma y sentirte orgullosa de ser quien eres.


Crecer puede resultar una experiencia dolorosa pero la grandeza que reflejes iluminará tu vida y la de aquellos que te rodean.

Dale a tu vida la oportunidad de no depender de nadie más que de ti misma. Piensa en ti como la mujer que quieres ser. Ubica lo que te hace falta, trabaja por construir cada día un poco más de ese proyecto. Haz del miedo el motor de impulso y no un ancla que te detenga.

Escoge los colores con los que quieres brillar y déjate admirar por los demás: siempre habrá una idea que puedas mejorar, una experiencia que quieras repetir, un ejemplo que puedas seguir.

El mundo no es color de rosa ni perfecto, pero está en ti que aquello que puede nublar tus días no los obscurezca permanentemente. Deja que los recuerdos poco agradables sean sólo eso: recuerdos, no los cargues como lápidas en tu espalda; el tiempo te ayudará a alejarlos pero tu voluntad para no vencerte por lo que has vivido debe ser más poderosa.

Parásitos y gusanitos siempre rondan los más hermosos jardines pero no dejes que tus problemas se conviertan en plagas que terminen con tu belleza interior.

Así como siembras y cuidas un jardín, debes ser responsable de ti, cuidarte y respetarte; poner límites que aseguren tu crecimiento y te cuiden de las amenazas externas; proporcionarte los mejores alimentos para tu alma, tu cuerpo y tu vida.

Florecer es cuestión de tiempo, cuidado y paciencia. Florecerás tanto como te lo permitas y tu vida tomará la forma que tú decidas. Los obstáculos son una opción: tú los retiras o los permites.

viernes, 12 de marzo de 2010

Ser mujer: Evolución

Cuando en el vientre de una madre se está gestando una nueva vida, las ideas preconcebidas acerca de lo que esa criatura llegará a ser son, por supuesto, infinitas.


Es el caso, que una madre no sólo piensa en que tendrá una hija, imagina además, una serie de escenarios e identidades, construyendo desde ese momento un significado específico de ser mujer, que desde su experiencia, sus propios deseos, necesidades y hasta frustraciones le transmitirá a su hija a lo largo de toda la vida.

Crecer es un proceso continuo de transformación; crecer mujer, es además, un proceso que implicará enfrentarse a patrones familiares y culturales que le señalarán, la mayoría de las veces, un determinado camino a seguir.

Los procesos no se detienen y la transformación que implican también llevan, a la nueva mujer, a confrontar estos esquemas con sus propias ideas, necesidades y sueños para así evolucionar generación tras generación.

Tú y yo llevamos en nuestra propia historia las de aquellas mujeres que antes de nosotras sufrieron y gozaron; heredamos su fuerza y tenemos la enorme fortuna de poder cambiar muchas cosas que ellas tal vez no podían siquiera pensar.

Hoy, la conciencia de ser mujer ya no está sostenida fundamentalmente por lo que otros establecen, sino por lo que tú te planteas. Tu límite es tu propia imaginación y tu valor no es el que otros determinan.

Soltar lazos, cambiar patrones o romper esquemas que inmovilizan o frenan, no es un proceso sencillo, pero siempre será mejor arriesgarte a vivir tu propia vida que vivir la que no te pertenece y de la que te arrepientas por no haber intentado la otra forma de vivir.

viernes, 5 de marzo de 2010

Ser Mujer, privilegio y lucha


Nacer mujer es una investidura difícil de describir. Se vive, se siente y a veces se sufre aunque otras muchas también enorgullece.


En los detalles se nos puede ir la vida creando historias a partir de ellos, imaginando, pensando y adivinando. Llevamos, muchas de nosotras, la consigna social, familiar o personal de dar vida y cuidar de los otros y en esa faena se suele perder de vista el cuidado propio.

Hoy transformamos visiones, abrimos caminos que serán más fáciles de transitar para las generaciones de mujeres que vienen tras de nosotras.

La labor no es fácil, más veces de las que quisiéramos reconocer, nos topamos con creencias o costumbres que retrasan nuestros proyectos, pero no por ello nos damos por vencidas.

Somos mucho más que un cuerpo, llevamos la fuerza de miles de mujeres que han dado su vida por conseguir sus sueños, la templanza que el dolor superado deja como aprendizaje, la ternura que mueve montañas, la palabra de alivio que acaricia para sanar y el sudor de la frente como señal de un cansancio que no nos atrevemos a gritar. Todo esto nos hace capaces de defender lo que amamos y de construirnos una identidad propia, una identidad que cada una escoge y matiza.

Nuestra fragilidad es la misma del acero que sostiene puentes, nuestro límite es el del aire, el valor es nuestro y el dolor lo compartimos.

Estamos ahí donde quiera que una mirada busque consuelo, ahí donde una mano necesite apoyo. Somos unos ojos que miran hacia el horizonte y vislumbran un mundo sin violencia, sin discriminación, sin dolores provocados por la ignorancia.

Ser mujer es un privilegio y defenderlo es una lucha que vale la pena mantener frente a cualquiera.

La mujer que sonríe ilumina su entorno y su hogar.

viernes, 26 de febrero de 2010

Autonomía... No te escondas detrás del "no puedo"

Decidirte por una forma de ser o de actuar te obliga a renunciar a otra. Responsabilizarte de ti y de tu vida implica que nadie más responderá por las consecuencias de tus actos o por la pasividad/impulsividad de tus acciones.

Ojalá siempre fuera tan claro y la autonomía de las personas dependiera únicamente de cada uno. Sin embargo, en la realidad aparece la interacción con otros. Podemos pensar muy claramente que nuestro objetivo en la vida es uno pero nos encontramos haciendo exactamente lo contrario, siguiendo las voces de otros porque parecen sonar más fuerte.

Amar no significa entregarle nuestra vida a otra persona para que nos haga felices. Cuando así lo hacemos el resultado es el opuesto pes amar no significa aceptar lo que en apariencia se percibe como un “deber ser".

En nuestro esquema, debemos reelaborar aquello que entendimos erróneamente como amor pues el amor no duele ni castiga, no enferma ni condiciona, tampoco excluye, ofende o traiciona. No es egoísmo, no es negligencia, no es hostilidad. El problema es que cuando eso es lo que se ha recibido a lo largo de una vida, es difícil reconocer en otras formas el amor; algo que no conocemos es imposible de nombrar y, más aún, de construir.

Amarte es una necesidad que debes cubrir igual que la de comer o la de dormir. Nadie puede comer por ti o dormir por ti. Por lo tanto tampoco nadie puede amarte en tu lugar. En tu libertad respondes por ti y amas al otro por lo que es.

Dos pensamientos opuestos no pueden suceder al mismo tiempo. Aprovecha esta ventaja para que cada vez que te encuentres pensando en lo que te entristece, deprime o enoja, de inmediato busques un momento o un recuerdo en el que fuiste feliz, te enorgulleciste por algo o solucionaste algún problema. Analiza aquellas acciones que realizaste en función de lograr cosas y trata de repetirlas.

No te escondas detrás del “no puedo”, “es imposible” o “no es mi culpa”. Éstas son frases que te detienen y que, generalmente, te encadenan a otras personas para no enfrentarte a la oportunidad de crecer y ser TÚ MISMA. Pon en tus manos lo que necesitas y suelta lo que no te corresponde cargar: las historias, ideas, creencias o expectativas de otras personas.

viernes, 19 de febrero de 2010

¡Enamórate de ti!

Hoy es un día perfecto para alcanzar uno de esos sueños que parecen imposibles: volver a nacer. Verás que no es tan fácil como suena pero no por ello deja de ser posible. Estoy convencida de que tú y muchas otras mujeres que desean una vida plena y tranquila pueden lograrlo igual que todas aquellas que hoy cuentan parte de su vida como una historia (triste) pero lejana en el pasado y no como una realidad cotidiana.


Pero seamos ambiciosas, ¿qué tal si además de volver a nacer, también te das la oportunidad de amar a alguien?

Piensa que hoy es el día de tu nuevo nacimiento, abres los ojos y miras con extraordinaria sorpresa todo lo que te rodea; en tu cara, la expresión es la de una niña pequeña cuando descubre la magia de la vida y de la naturaleza. Todos los colores, las formas, las texturas y los olores son hermosos. Desde hoy, absolutamente todo lo que conoces, te es tan extraño como fascinante; respiras un ambiente distinto, observas el mundo con una mirada satisfecha y reconfortante.

Sentirás la curiosidad por descubrir todo lo que hay en este nuevo mundo que te rodea y, cuando estés dispuesta a comenzar tu nueva vida y darte todas las nuevas oportunidades que mereces y deseas, descubrirás a una persona cuyo rostro se antojará familiar pero irreconocible. Poco a poco esa persona que te inquieta con tan solo verla (pues te emociona y te acelera el pulso), establecerá un diálogo agradable y respetuoso contigo y se convertirá en tu guía y acompañante en esta nueva experiencia.

Esta persona es maravillosa, fácilmente podrás enamorarte y, cuando esto suceda, nunca más podrán separarse. Su poder sobre ti será como magia que transforma y, cuando en momentos parezcas darte por vencida, vendrá a tu encuentro para inyectarte ilusión y valentía.

Como si no supieras leer o hablar, te enseñará un lenguaje diferente al que hayas conocido antes de hoy: palabras que logren motivarte y darte fuerza, hacerte sentir única e irrepetible. Nunca te hará daño ni tratará de humillarte, no intentará burlarse de ti y tampoco va a competir contigo; crecerá junto contigo. Pero lo más importante es que cuidará de ti como nadie más lo hará. No permitirá que nadie te haga daño y si en algún momento sucediera, estará ahí para darte ánimo, apoyarte e impulsarte para que no te detengas y sigas siempre el camino hacia adelante.

En esta relación no habrá temor al abandono, no habrá heridas que cubrir o que sanar. Te ayudará a dirigir tu vida hacia donde tú quieres que vaya. Desde los primeros momentos, tomará tu vida en sus manos y dependerás absolutamente de sus decisiones; afrontarás las consecuencias de sus actos y le amarás con todo tu ser porque serás correspondida. La gente a tu alrededor notará de inmediato que algo nuevo hay en tu vida y será difícil esconder tus sentimientos.

Hoy, cuando te decidas a nacer, te vas a preparar para el gran encuentro. Abrirás tus ojos para verte en el espejo: tu piel, tus pies, tus manos y tu cabello; te arreglarás para ese encuentro maravilloso, escoge tus mejores prendas, las que te hagan sentir cómoda pero atractiva, sencilla pero elegante. Arregla tu cabello para lucirlo en su esplendor. Maquilla tus ojos, no para esconder la tristeza (recuerda que es tu nacimiento), sino para resaltar su entusiasmo y enmarcarlos como ventanas de tu alma. Ahora parece que de verdad has vuelto a nacer el amor te transforma y te hace brillar. ¡Estás irreconocible!

Y, por cierto, ya que tienes el espejo a la mano, acércate un poco más y observa con cuidado, ahí justo frente a ti ¿le has visto? ¡Por supuesto! ¡Eres tú! Esa persona de quien habrás de enamorarte en tu nueva vida eres tú. Por eso puedes volver a nacer y darte la oportunidad de vivir una nueva vida y ser la persona de quien querrás enamorarte desde hoy y para siempre.

viernes, 12 de febrero de 2010

Codependencia: Reconócela y evítala

Con mucha seguridad has escuchado una o varias historias sobre mujeres que viven relaciones destructivas, es decir, relaciones de pareja en las que es constante y evidente que la agresión (sea ésta física, psicológica, económica, sexual o cualquiera de sus combinaciones), es la característica principal. También, con mucha seguridad, al saber que esa mujer hace poco o nada por salir de tal situación, tu reacción al respecto ha sido de enojo y enfado ante lo que parece una estupidez o una conducta inexplicable.


Lo que explica este tipo de relaciones y la incapacidad para salir de ellas es un proceso que se conoce como codependencia, y generalmente se vive en situaciones en las que existe una relación con familiares adictos al alcohol o a alguna otra sustancia tóxica y que se convierte en algo así como el pegamento que une pedazos rotos o, como en estos casos, a personas con graves deficiencias emocionales. Lo terrible es que es tan eficiente que al momento en que una se completa a partir de la enfermedad de la otra sólo se disuelve después de muchísimo dolor y desafortunadamente no sucede así en la mayoría de los casos; y en otros, cuando se logra la separación, no existe la seguridad de no volver a establecer relaciones destructivas aún con personas diferentes.

Quienes se relacionan de esta manera pueden estar repitiendo patrones aprendidos desde su propia familia en que la falta de atención, la propia disfuncionalidad o el abandono fueron las características con las que se creció. También existe la posibilidad de que, sin contar con historias previas de disfunción familiar, una mujer con baja autoestima y poca valoración de sus capacidades se establezca con un hombre que en principio se haga cargo de ella como quien viene a rescatarla de su mala fortuna; pero que al paso del tiempo (y por sus propias deficiencias emocionales), tampoco establecerá con ella una relación de crecimiento sino una en la que refuerce sus propias necesidades y carencias respecto a ser capaz de poseer algo (tal cual, como un objeto), siendo el hombre macho y fuerte que de este modo se valida frente a sí mismo y a los demás.

Una relación de codependencia prácticamente nunca se resuelve favorablemente mientras no se esté en posibilidades de reconocerla. Saber si te encuentras en una relación así no es tan difícil; pon atención a los siguientes enunciados y evalúa: 1) si estás en una relación en la que no te sientes plenamente contenta; 2) si la ausencia de tu pareja te pone verdaderamente triste o incluso, el solo hecho de pensar en separarse te desmorona; 3) si los celos y la constante vigilancia son características visibles en tu relación 4) si hay una necesidad constante de ser vista, aprobada o valorada por tu pareja; 5) si hay un sentimiento de tristeza y desesperanza porque las cosas no cambian entre ustedes; 6) si crees que tú podrás cambiarlo, él te ha prometido en más de dos ocasiones que así será, no ha cumplido y tú tampoco has mantenido el límite que previamente habías marcado. Piénsalo: si él dice “Te juro que no lo vuelvo a hacer” pero sigue ocurriendo ¿la responsabilidad es suya o de quien le sigue abriendo el espacio para que no cambie? (tú en este caso).

Identificar más de una de estas características como propia de tu relación, indica que puedes estar o, de hecho, estás envuelta en una relación de codependencia que se puede volver destructiva: reconócelo y evítala.

viernes, 5 de febrero de 2010

Construye Relaciones de Crecimiento

Las relaciones que establecemos nos construyen, dibujan y enriquecen mucho más que cualquier otra situación de vida que atravesemos. En mayor o menor medida, todas las personas con quienes nos relacionamos dejan parte de su vida en nosotros y, por qué no admitirlo, las atesoramos como si fueran de nuestra propiedad.


Una frase, un gesto, una expresión o una canción, se convierten en disparadores de emociones que envuelven nuestro cuerpo y nuestra sonrisa con momentos extraordinarios de alegría y fascinación y si en ello no hay problema éste empieza cuando nos es imposible asumirnos en soledad y aparece el gran y terrible miedo que nos orilla a establecer relaciones superficiales o dañinas con tal de no estar solas. Misma razón que mantiene a ciertas parejas (tan disparejas como agua y aceite), sin que se decidan a librarse del suplicio pues aún cuando sean más largos los períodos en los que la pasan verdaderamente mal, los instantes amorosos o dulces apaciguan el miedo y negocian todo con tal de evitar el “malestar de la soledad”.

Cada una de las etiquetas que ponemos a otros (como “eres mi vida entera”, la luz de mis ojos”, “mi sol de verano”, “mi noche de estrellas” o “la tibieza de mi piel”) hablan de la representación y peso en toneladas que le damos a las personas y la importancia elevada casi a todopoderosa que les concedemos en función de nuestro supuesto bienestar.

Sin embargo, una relación de amigos, “free”, “amigovios”, pareja, novios, esposos -o cualquiera de los nombres que hoy se le pueden adjudicar a la relación entre dos personas- mientras más dependiente, posesiva y limitante sea, más alejada estará de lo que quisiéramos vivir como una BUENA relación. Nuestra vida es invaluable y como tal debemos protegerla. Depositarla en manos de otra persona es como abrir la puerta de casa a un ladrón o entregar por voluntad propia a un despiadado destructor un cristal y hasta ponerle dedicatoria: “Tuya por siempre”.

Para establecer una buena relación con alguien más es indispensable haber formulado primero nuestras prioridades y nuestros deseos con respecto a un proyecto de vida. Imagina por un momento que alguien deposita en ti la responsabilidad de su bienestar, su felicidad, su integridad o incluso su vida. Ahora piensa en ese evento al que tienes una única oportunidad de asistir pero que la otra persona no puede acompañarte y prefiere (incluso te convence de) que se queden en casa porque tú eres lo único que le interesa en la vida; piensa en los cafecitos que tendrás que cancelar y recuerda que si no estás a su lado le invaden la tristeza o los celos porque no está siendo el centro de tu vida. Poco a poco esta relación se va convirtiendo en una película que más se acerca al terror que al romance.

Así como tú no podrías llevar a cuestas la vida de otros, nadie será capaz de llevar la tuya.

Establecerse en una relación de pareja implica precisamente que ambos construyan a favor de los dos. El crecimiento es cuestión de los individuos. Qué mejor que pensar en que a la felicidad que tú has construido con tu vida se sume otra vida plena. Siendo el caso que ninguna es opacada por la otra, a tu bienestar seguirá uno mejor pero si no hay otra persona tampoco hay dolor ni soledad ni tristeza porque tú estás bien con, sin y a pesar de los demás. Tu responsabilidad con el otro implica el cuidado que tengas de no hacerle daño, de respetarle como persona y como individuo independiente de ti y es exactamente lo mismo que debes esperar de cualquiera a tu alrededor. No importa si es tu padre, tu hermano, tu amigo o tu vecina, el respeto será siempre la mejor amalgama para establecerse en relaciones de crecimiento y no en relaciones destructivas.

viernes, 29 de enero de 2010

La voz de una...

Escucharás muchas voces que te cuenten historias de vidas que han dejado atrás; historias de dolor, humillaciones, amargura y vergüenza. Abre tus oídos y escucha la voz de todas las mujeres cuya vida ha cambiado y hoy son parte de la otra forma de vivir.


Adriana ha comenzado su segundo matrimonio y vive hoy una historia sin violencia y sin agresiones; feliz, confiada y en plenitud, pero no siempre fue así. Durante más de ocho años su vida fue como una pesadilla interminable y, cuando despertaba de sus sueños intranquilos, sus ojos se abrían sin más brillo que el de las lágrimas. Deseaba en esos momentos que se cerraran más rápido que pronto y evitar así, un episodio más de tristeza y desamparo. Sus días transcurrían entre los intentos por evadir su realidad y los dolores del cuerpo y del alma ocasionados por Miguel, su ex esposo.

Para Adriana no fue fácil buscar soluciones. Había momentos en los que parecía preferir quedarse al lado del causante de su desdicha. Todo con tal de no quedarse sola, pues consideraba que sería incapaz de hacerse cargo de sí misma y, bien que mal, siempre había sobrevivido hasta las peores peleas. Ella pensaba que Miguel cambiaría por que él así se lo prometía, cada vez con más fuerza -comparable a la misma utilizada en el último golpe o en el último grito-.

La información que Adriana escuchaba o leía sobre violencia doméstica –aparentemente- no la registraba, incluso ella misma llegó a informar a una sobrina sobre los lugares que ofrecen ayuda y atención a víctimas de violencia doméstica pero, si alguna amiga intentaba que Adriana se diera cuenta de las semejanzas con su propia historia, ella solía responder que no era así, que a ella nunca la habían tenido que llevar a un hospital o nunca había terminado con un hueso roto.

Al paso de esos ocho años, Adriana fue tomando conciencia del peligro al que se enfrentaba día a día, ya fuera por el apoyo que Leticia, su mejor amiga y Sofía, su hermana le dieron o, por la necesidad de ponerse a salvo, una especie de fuerza interna iba anidando en su interior hasta que, un día -el menos pensado- decidió ponerse a salvo. Buscó a las personas adecuadas y se informó de todo aquello que debería hacer para proceder y denunciar el maltrato, recuperando con ello la confianza en sí misma, descubriéndose valiosa, inteligente y capaz de tomar decisiones.

Es verdad que en la vida de Adriana hubo muchos días en que las sombras pesimistas rondaban su mente con la idea de no poder hacer mucho al respecto de su situación acompañándola desde el amanecer hasta conciliar el sueño por las noches, sin embargo, también es cierto que a cada nuevo amanecer, la tibieza del sol y el fresco de las mañanas tranquilas como esperanza y promesa de otra forma de vida, fueron más frecuentes hasta convertirse en una realidad cotidiana.

Cada una de nosotras podemos promover el bienestar y alzar la voz contra la violencia doméstica desde nuestro ejemplo y experiencia de vida. Seamos la voz que se alza a favor de la otra forma de vivir.

viernes, 22 de enero de 2010

Estableciendo límites... ¿Por qué me tratan así?


Los límites nos ponen a salvo; nos contienen y nos protegen. Son tan necesarios como las vacunas para no enfermarnos, los barandales para no precipitarnos al vacío o los candados para que nadie nos robe nuestras pertenencias. Sin embargo, ya sea por razones culturales, por la necesidad de quedar bien o porque no nos consideren anticuadas, mala onda y sangronas, permitimos que sean ignorados, pisoteados y rebasados.
Establecer límites quiere decir que tú eres capaz de reconocer aquellas situaciones que te incomodan y que no permitirás que alguien vaya más allá de lo que tú consideras apropiado. Implica que seas la primera que los respeta, los mantiene y los defiende.

Cada persona, de acuerdo a sus propias experiencias, los determina. Esto quiere decir que, para una mujer en la relación que mantiene con su pareja, la malas palabras no son aceptables; por ello, no las utiliza y deja muy claro que tampoco acepta que las utilicen en contra suya pero, también puede ser que para otra, no tengan tanta importancia pero esta misma razón dificulta la claridad en el límite.

Lo que se permite una vez, estará condenado a repetirse muchas otras.

Tú puedes vencer el miedo a las discusiones. Debes estar segura de que puedes defender tu punto de vista, tu idea sobre algo que consideras adecuado o tu convicción para no acceder a las peticiones o exigencias de alguien que se quiere aprovechar de ti. Sé firme y mantente en tu posición, si empiezas a negociar tu bienestar, tu ideología o tu integridad, te arriesgas a perderlas por completo.

Las relaciones con las personas no son sencillas pues cada una ve el mundo desde su propia mirada y no siempre es igual a la nuestra. Es frecuente que algo que nos dicen o nos hace alguien nos incomode o, de plano, nos colme la paciencia pero, no por ello cortaremos nuestra relación con el mundo. Por el contrario, si verdaderamente queremos que nuestras relaciones con los demás mejoren, hay que aprender a defender nuestro espacio.

Una vez que le haces saber a la otra persona que eso que dijo o hizo no te gusta, también debes dejarle claro lo que va a suceder si se repite y, si vuelve a suceder, contra viento y marea, ¡cumple con la consecuencia que habías prometido!

Pongamos un ejemplo. Alfonso llegó una hora tarde para recoger a Susana, no se disculpó y ya no fueron al cine. Sin llanto y sin ganas de venganza, Susana le dice a Alfonso que se siente enojada y triste, no le grita ni lo agrede. Le dice que no está dispuesta a perderse de una película, llegar tarde a una cena o quedarse en casa porque a él se le haga tarde y no tenga la consideración de avisarle con tiempo de su retraso. Así que, -agrega Susana- la próxima vez que vayamos a salir, si no hay una llamada en la que me avises que no podrás llegar a la hora acordada, te esperaré un tiempo razonable pero al cabo de éste, me voy. Alfonso, no cree que Susana sea capaz de cumplir sus advertencias, “Sí, sí. Lo que tú digas”- termina diciendo sin mucho convencimiento-. El siguiente fin de semana, han quedado en que irían a una comida y que Alfonso pasaría por ella a la una de la tarde. Es la una con veinte minutos y Susana, al no tener noticias de Alfonso, ha tomado un taxi y se ha ido a su comida. Alfonso, al llegar a recogerla y no encontrarla, sorprendido por su actitud, llama a Susana a su celular y comienza a reclamarle su poca tolerancia. Susana no entra en discusión y simplemente le repite que ése fue el acuerdo y que ella está cumpliendo con lo que dijo que iba a hacer cuando él no cumpliera con su compromiso.

No sabemos cuál será exactamente la reacción de Alfonso, pero ése es problema de él. Susana ha puesto en claro que no permite ser ignorada. No se castiga a sí misma quedándose sin hacer lo que quería, no entra en discusiones acaloradas ni se pone en el papel de víctima para que Alfonso le pida perdón y le dé besitos para que olvide su falta (hasta que la vuelva a repetir) pues si así lo hubiera hecho, el mensaje para Alfonso habría sido: “no te preocupes tú sigue llegando tarde, al fin que un besito, unas flores o una falsa promesa es suficiente para volver a faltarme al respeto y que te perdone por ello”.

Cuídate a ti misma. Sé la primera en respetarte, valorarte y amarte para que, quien quiera estar a tu lado, lo haga de la misma manera.

A la pregunta: ¿por qué me tratas así? La respuesta puede ser “porque tú te dejas”.

viernes, 15 de enero de 2010

El victimario y el dominio machista


En muchos países, incluido el nuestro, el papel que juega la mujer en la vida de los hombres es igual al de cualquier objeto. Ya sea por elementos culturales o de educación, prevalece el rol de la mujer al servicio del hombre, de sus hijos o de su casa sin que esta forma de vida pueda etiquetarse como patológica o anormal. Es de origen, un sistema patriarcal y de dominio machista en el que la expresión de la frustración o de la carga emocional agresiva son volcados hacia la mujer como a un objeto. A este comportamiento se pueden agregar los sentimientos de posesión, dominancia y humillación como generadores de agresión.


Pensar que todos los hombres, por el hecho de serlo, ejercerán agresión contra sus parejas es definitivamente un error. También lo es el hecho de pensar que todos los agresores son iguales pues se pueden distinguir diferentes tipos de personalidad cuyas características muestran una mayor probabilidad de desarrollar relaciones destructivas, violentas o patológicas:

Algunos son inseguros, dependientes, conflictivos y ansiosos que controlan mal sus emociones; inestables afectiva y emocionalmente; cuando establecen una relación es con una mujer segura, estable y fuerte psicológicamente que refuerce sus características personales, les de seguridad y de la cual se hacen dependiente desde el punto de vista emocional y afectivo. En esta relación, la mujer puede aceptar su rol, asumiendo la toma de decisiones, el de protectora y el de la fuerte en la relación. En caso contrario, ella puede rechazar la situación al sentirse aislada por el encierro en el que su pareja pretende tenerla; la reacción del maltratador al rechazo es de ansiedad y frustración acosando, coaccionando, persiguiendo y agrediendo físicamente y, con tal de no perderla, pueden incluso llegar a quitarle la vida.

Otro tipo de personalidad es el maltratador extrovertido, poco responsable de su pareja con un estado emocional muy cambiante. Suele reprimirse en su trabajo pero acumula frustraciones que desquita con explosiones de maltrato físicas y/o psicológicas -como aguaceros- y que, al cabo de un rato, pareciera no haber sucedido nada. Si la mujer reacciona y amenaza con dejarlo o incluso denunciarlo, el maltratador pedirá perdón, mostrará arrepentimiento y jurará no volver a comportarse de esa manera lo que promueve la reconciliación. El peligro para ella depende del nivel de agresión de cada momento que, generalmente, irá en aumento.

En otro grupo encontramos al maltratador cuya autoestima es fuerte, exitoso, autosuficiente y muy exigente del comportamiento de los demás que si se relaciona con una mujer sumisa, dependiente y de baja autoestima, establece una relación patológica de humillación y maltrato físico o emocional cuando la mujer no cumple con sus deseos y necesidades. En este caso la víctima no se atreve a denunciar ya sea por incredulidad o por temor a las represalias y suele suceder que el apoyo se encuentre hasta que los hijos sean mayores para llevar a cabo la denuncia o ruptura de la relación.

Podemos describir otro grupo en el cual la relación “estable” se quiebra por el cambio de rol en mujeres que habían permanecido en desventaja y que, ya sea porque han asimilado el cambio o por la adaptación a la evolución social, establecen nuevos límites que no son del mismo modo asimilados por los hombres cuyas costumbres están tan arraigadas a ellos como raíces a la tierra. La emancipación, la respuesta agresiva y el orgullo se establecen con resultados a veces, muy graves.

Debes de tomar en cuenta que si tu pareja además de tener características similares a las anteriores consume alcohol u otras drogas, su impulsividad y el pobre control de sí mismo aumentan y con ello la gravedad de la situación también.

No hagas de tu relación de pareja una relación de miedo o de dependencia. El amor no duele ni amenaza, no sufre, no humilla, no maltrata.

viernes, 8 de enero de 2010

Ser Víctima... un dolor contradictorio


Víctima de la violencia, cada mujer que ha padecido esta situación pasa por diferentes vivencias que pueden llegar a ser contradictorias y difíciles de manejar. Por un lado el dolor ocasionado por el daño sufrido y por otro, el amor que siente por su pareja.

Aún frente a esta contradicción que puede erizar el pelo de propios y extraños, en la mayoría de las ocasiones ella regresará al lado de su pareja olvidando lo sucedido, perdonando la agresión y más a menudo de lo que nos gustaría, sintiéndose culpable del episodio. Las víctimas de la violencia doméstica no son solamente las mujeres que la padecen; también sus familias y la gente cercana a ellas pasan por dinámicas difíciles de manejar. Unos viviendo la agresión como propia, respondiendo con injurias y promesas de acabar con aquél que te hizo daño; otros, los menos, poniéndose en tu lugar para tratar de entenderte y ayudarte a salir.

Una víctima de violencia, la mayoría de las veces, no es consciente de serlo y por ello observamos con regularidad que, una vez pasado cierto tiempo la mujer regresa a la situación de vida anterior (como quien no puede superar una adicción aún sabiendo que expone peligrosamente su vida). Se experimenta un fenómeno extraño en el que pareciera que a pesar del dolor, ni las lesiones (visibles o no) ni la frustración son suficientes para mantener distancia y, por el contrario, ganan en ella el temor a no poder enfrentarse sola a la vida, la incapacidad para tomar decisiones, el miedo a quedar sola y la desdicha de no obtener lo que deseaba en principio de esa relación.

Una víctima no decide serlo. Poco a poco la persona se pierde a sí misma y su capacidad de ser individual y autónoma se desvanece. Se desdibuja y es casi propiedad de aquel que la ha hecho suya como si fuese una mercancía. Por ello es indispensable entender que si tú eres o has sido víctima de violencia no eres culpable de ello, que no importan las circunstancias buenas o malas por las que llegaste a esa relación, tú no generaste en tu agresor la decisión de serlo.

Una víctima no solamente lo es de su victimario sino de sí misma. Incluso habiendo superado una mala relación, es necesario enfrentar otras adversidades que no necesariamente se ven frente a frente. Podemos observar, por ejemplo, que al verte vulnerable y necesitada de apoyo mucha gente quiere ayudar bajo argumentos como “déjalo por tu bien”, “debes hacer esto o aquello” o “no vuelvas a decir eso”… pero te siguen diciendo lo que tienes o no que hacer y no se dan cuenta de que esa actitud te puede provocar confusión pues obligándote a tomar decisiones que no son necesariamente las tuyas terminas por sentirte abrumada y confundida. Otro factor a enfrentar puede ser la culpa que no te permite perdonarte y abrir paso a la recuperación encontrando una y otra vez razones que te encadenan en un el lugar de víctima (como si no tuvieras derecho a una vida diferente) tales como el sentimiento de frustración por haber permanecido al lado de alguien que te hacía daño, el de impotencia por no haberle podido ayudar o cualquier otro que alimente sentimientos de minusvalía.

Como la astilla que se ve en el ojo ajeno, reconocer a una víctima de la violencia doméstica es sencillo cuando la vemos en otras mujeres, pero asumirse como tal no. Ello implica reunir la fuerza necesaria para retirar la viga que se carga en la propia vida y que, al menos en principio y apariencia se piensa doloroso, pero que sin duda te llevará hacia la otra forma de vivir